Domingo 17 de agosto del 2008 El País

‘En mi país ya no tengo ni a quién quejarme’

A sus 40 años, Guadalupe Llori, quien llegó a la prefectura de Orellana por Pachakutik, dice estar saludable, pese a sus ocho meses de encierro. “Solo tengo hipertensión”. Cuando habla deja fluir su locuacidad y firmeza. La también ex alcaldesa de Orellana, hoy se dedica a elaborar muñecas de trapo que las vende para ayudar a las reas que salen en libertad “y no tienen ni para el pasaje”, aunque ella también se queja que ya no tiene plata para defenderse.

Da su testimonio pero aclara que con temor por su integridad y la de su familia:

“Estoy preocupada por mi situación. Aquí en mi país ya no hay justicia para conmigo y no tengo a quién quejarme. Me da la sensación de que ya nadie va a aceptar ningún reclamo que yo pueda hacer. No denuncié lo que me sucedía en la cárcel por temor y por no causar más daño a mi familia. Fue mi hermana la que acudió a nivel internacional. Aquí nadie se preocupó.

Recién hace pocos días, cuando surgió el reclamo internacional, llegaron dos delegadas de la Aldhu, me parece, y les pregunté por qué a los ocho meses se acuerdan de mí.

Apoyo a Correa
En ningún juicio se ha podido probar nada en mi contra... No puedo certificar, pero me dicen que quien me persigue es este Gobierno. Es lo que me han dicho. Yo le apoyé a Rafael Correa en la campaña pero ya como Presidente me trató mal. Me insultó; no respetó mi condición de mujer y autoridad; dijo que quedaba corta a la Mama Lucha, puso a dudar de mi intelectualidad y dijo que era una política en decadencia.

El paro de Dayuma (por el que fue apresada inicialmente y acusada de terrorismo y sabotaje) decidieron hacerlo los pobladores, porque el Gobierno no había pagado como diez planillas a la constructora Fopeca y como ahí trabajaban personas de las comunidades, tampoco cobraban. Yo mal podía influir. Estaba en Manta en una reunión y cuando llegué las comunidades ya habían decidido.

Mi detención se dio con un operativo descomunal, con más de 500 militares y todo el pueblo sitiado. No pensé que iban a violar mis derechos de esta manera, pese a que he dado muestras de honradez y trabajo.

El país sabe de mi lucha y las luchas de Sucumbíos y Orellana; sin embargo, nadie se acordó de mí, de mi situación jurídica y humana. Dónde están los prefectos y alcaldes. Me da la impresión que por cobardía, por temor, incluso están vendiendo la libertad de sus pueblos. Lo que hoy me toca a mí, mañana les tocará a ellos”.

“Me da pena que cuando salga de aquí me encuentre con un pueblo sometido, con un pueblo que no puede reclamar sus propios derechos”.

El País

Diseño

© Copyright 2009. Compañia Anónima EL UNIVERSO. Todos los derechos reservados.