Domingo 17 de agosto del 2008 El País

La religiosidad popular parte hoy desde El Cisne

POR Sandra Ochoa

El santuario de la Virgen de El Cisne congrega cada año a miles de fieles que ruegan por milagros o agradecen favores, pero este sitio religioso se ha convertido también en el escenario de polémicas por el manejo de millonarias limosnas de las que nadie da cuentas de su utilización.

Al menos 500 mil personas esperan congregar nuevamente los organizadores de la procesión de la Virgen de El Cisne, que se inicia hoy en el santuario del mismo nombre, en Loja. Desde el jueves pasado se congregan miles de fieles: ricos, pobres, niños, adultos, enfermos, operados, agradecidos por su riqueza o por la producción del campo y sus negocios; penitentes por la recuperación de su salud o por mejoras en su situación económica; migrantes que han vuelto, familiares que piden por los que no vuelven.

La caminata se inicia en el  santuario de El Cisne y recorrerá 70 kilómetros en cuatro días. Hoy los fieles andarán 13 km y pernoctarán, con la imagen, en San Pedro de La Bendita.

La procesión es una demostración de opulencia y fe popular. Los fieles ofrendan dinero, trajes, velas, flores y más para La Churonita.
Armando Jiménez, párroco de El Cisne, asegura que la iglesia recauda por limosnas un promedio variable cada año, mas estima que son 400 mil dólares. Con parte de esos recursos se ejecutan obras sociales para la población.

La opulencia y fe popular se mezclan en fiesta de Churona

La decisión fue salomónica, Armando Jiménez, párroco de El Cisne dispuso que la “Churona”, como se conoce popularmente a la imagen que veneran miles de devotos de Ecuador y América, cambie sus vestidos por dos ocasiones el 15 de agosto.

Esto rompió los esquemas, ya que los vestidos de la imagen se cambian una vez por día, durante los 39, que duran las fiestas patronales de El Cisne en honor a su patrona la Virgen María y que se inician el 1 de agosto, religiosamente todos los años.

El sacerdote quiso evitar disputas entre los 97 priostes de provincias como Azuay, El Oro, Pichincha, Loja, Guayas, Tungurahua, Cotopaxi y un grupo de residentes en Nueva York, España e Italia que conforman el Comité 15 de Agosto, y otros ex integrantes, que este año llevaron tres vestidos.

El primero un blanco de gamuza, piedras semipreciosas, encaje y arandelas doradas que todos los años regalan las familias Minga y Mataela, de Cuenca; el segundo un traje de chola cuencana, que llevó la asociación; y el último, similar al primero, pero en tono azul, ofrenda de la familia Medina Crespo y Hortencia Barreto.

Todos querían que desde el inicio de las celebraciones del 14 y 15 de agosto y durante los diversos actos programados, la imagen llevará el traje que ellos ofrendaban con devoción.

Barreto argumentó que su donación la envió una hija que vive en Estados Unidos y que pide un milagro para su nieta recién nacida y con problemas de salud.

Mientras, que Milton Pintado, presidente del Comité apeló a los cuatro metros de largo del vestido que regalaron y al mismo largo de la pollera del traje típico, para que la imagen se exhiba con cualquiera de ellos durante la procesión vespertina.

Por eso el sacerdote dispuso que para la procesión del 14 y la eucaristía del 15, la imagen lleve el vestido de las familias Minga y Mataela, con la capa del mismo largo que entregaron Medina Crespo y Barreto; y, el traje típico quedó para la velada.

Con esto y luego de saludar al párroco con donaciones de frutas, cuyes asados, ostias y un copón de bronce, el Comité 15 de Agosto recibió la bendición de Espinoza, quien les pidió seguir el ejemplo de los organizadores de días anteriores para evitar al máximo el consumo de alcohol y la fiesta continuó.

Desde todos los puntos cardinales

Mientras esto ocurría a las 10:00 del jueves, miles de devotos de la Virgen llegaban de todo el país. Algunos en buses contratados   que formaban una cola de casi cuatro centenares, a lo largo de los quince kilómetros de vía que existen para ascender el risco de Chayalama, donde está la Basílica de El Cisne.

También hay quienes desde el poblado de San Pedro de la Bendita, ubicado a 25 kilómetros de la Basílica, empiezan el ascenso a pie, como Cristian Vinueza, de 21 años y su compañero de trabajo Antonio Ramos, de 25 que habían llegado  la noche anterior de Santo Domingo con toda su familia para agradecer por la salud, como lo hacían con sus abuelos desde que eran niños.

Otros lo hacían en bicicletas, Juan Moreno y siete de sus amigos del barrio Santa María de Gapal en Cuenca, arribaron sudorosos y con calambres; los tres días de pedaleo pesaban, pero su interés por ver la imagen y depositar a sus pies oraciones, los mantenía en pie.

Para Moreno, de 23 años de edad y quien recorre durante los cuatro últimos años de su vida la travesía de 203 kilómetros de Cuenca a Loja, y luego los 91 kilómetros desde allí hasta la Basílica, “el sacrificio vale la pena, porque la Madre Santísima me recompensa con sus bendiciones”, según asegura.

El ascenso culmina en los 2.252 metros sobre el nivel del mar y mientras se acercan los peregrinos sienten el frío, que en las primeras horas de la mañana cala los huesos. La temperatura durante el año varía entre los 4 grados, con densa neblina y los 25 grados en un mismo día, según sus moradores.

El viento corre fuerte y algunos compran gorras de lanas, guantes, chales y bufandas para protegerse  de la gran cantidad de polvo que se levanta de las estribaciones de la cadena montañosa Fierro Hurco, de la que forma parte el Chayalama y que es casi desértico.

Antes de llegar a la parroquia El Cisne, algarrobos, pencos y cactus se observan en todas las montañas y cerros que rodean a la Basílica y  desde donde se divisan las cúpulas puntiagudas, de estilo gótico, con el que empezó su construcción en la década de los 20.

Cuando  llega al pueblo el peregrino se encuentra con casas de adobe, la mayoría de dos pisos, el techo de tejas y el frontis de entre 4 y 8 metros de ancho, todas empolvadas, que denotan lo centenario de este pueblo de 1.532 habitantes.

En medio de este rústico paisaje y entre las angostas calles se vislumbran hacia el centro del pueblo los grandes vitrales y la azotea central de la Basílica, custodiada por dorados dragones construidos en cemento.

Pero para llegar a la puerta principal y a las colaterales del templo, que desde la parte alta están abarrotadas de feligreses y vendedores de velas, escapularios, estampas y variados  recuerdos con la imagen de la "Churona", hay que atravesar escalinatas, repletas de pequeños quioscos construidos con plásticos y palos gruesos.

En medio de gritos de comerciantes para que el peregrino compre ropa, manteca de burro, dulces, comida, gafas, discos piratas de música y videos con documentales de fiestas marianas anteriores, el peregrino llega fielmente hasta la iglesia.

Domitila Bravo, de 78 años, oriunda de Pacchaloma, ubicada en la parroquia cuencana de Tarqui, fue una de las devotas que intentó llegar el jueves hasta el altar, pero se lo impidió el gran número de personas que llegaron antes. Por eso optó por depositar en la parte posterior de la iglesia, siete velas: una por su hijo, otra por su nuera y las restantes por sus nietos que no pudieron acompañarle este año a la peregrinación.

Desde atrás se observan solo las cabezas de los feligreses ubicados a lo largo de los 1.800 metros cuadrados de templo, en el centro, una galería a cada lado de 3 metros de altitud, rodeado de columnas, arcos y balaustres, que coronan en una torre de 55 metros de alto.

La primera piedra del templo se colocó el 15 de agosto de 1934;  la construcción concluyó en 1978 y el 12 de agosto de 1979 se la consagró como Basílica, según un documento del sacerdote Hernán Ojeda.

El altar de la Basílica también es de estilo gótico, construido por el artista Cotacachi Guido Aguirre, quien además diseñó líneas en la Basílica del Voto Nacional y de la Virgen del Panecillo en Quito. El altar es un tallado en madera de cedro y está bañado completamente de pan de oro y dentro de este se instaló un ascensor que baja la imagen todos los días a las 05:30, con la oración del ángelus y luego la vuelve a subir para que sus devotos la observen tras un vidrio de gran grosor a prueba de fuego y bala.

El pasado 14 de agosto el altar estaba adornado con más de 40 arreglos florales. Es una ofrenda anual de  la familia Medina Crespo, quienes desde Cuenca llevan miles de rosas y otras plantas para adecuar el sitio.

En medio de este ambiente las celebraciones esperan hasta hoy, cuando a las  06:00 los fieles carguen la imagen  en andas y empiecen el peregrinaje hacia la Catedral de Loja. Esta caminata anual  tarda cuatro días, con uno de descanso en Catamayo. Esta noche  el primer descanso es en San Pedro de la Bendita.

Opiniones

Rubén Espinoza, fiel:
“La distancia no es obstáculo para demostrar fe y confianza”
Cumplió los 18 años y consiguió el permiso de sus padres para visitar el santuario de la Virgen de El Cisne en bicicleta. Rubén Espinoza, del barrio Don Bosco en Cuenca, recordó que desde los 6 años de edad peregrina cada año con su familia a ese lugar. El jueves iba por Saraguro.

Este año lo hacía por primera vez con su amigo Fernando León, de 20 años, quien realizaba por tercera ocasión el periplo y reconoció que es muy duro recorrer, en 3 días, los 294 kilómetros que los separan de su venerada imagen.

“Pero la distancia no es un obstáculo para demostrar la fe y la confianza en la madre que nos da todo, la salud, la vida, el trabajo”, decía mientras respiraba profundo y limpiaba el sudor de su rostro con la mano.

En las primeras siete horas de travesía, ambos confesaron que lo más duro fue pedalear los casi 60 kilómetros de cuesta entre Cumbe, parroquia cuencana; y Susudel, del cantón Oña, en los primeros 120 kilómetros de la vía Cuenca-Oña-Loja.

William Ronquillo:
“Si me la cura estaré agradecido eternamente con la Virgencita”
A las 06:00 del pasado jueves, William Ronquillo, oriundo de Santo Domingo de los Tsáchilas, tomó a su hija Keyla, de 4 meses, entre sus brazos y emprendió la caminata de 25 km desde San Pedro de la Bendita  hasta la Basílica de El Cisne.

La niña nació con un absceso  en la mejilla izquierda y mientras ella crecía el tumor  aumentaba de tamaño. Por eso, y antes de someterla a una cirugía por sugerencia médica, Roquillo decidió ponerla en manos de la Virgen de El Cisne.

“Dicen que la Churonita es milagrosa, en mi casa le curó a mi suegra de un cáncer estomacal y mis vecinos también hablan de sus milagros, por eso tengo fe en que curará a mi chiquita”. Ronquillo aseguró que es la primera vez que se suma a la peregrinación, pero prometió hacerlo todos los años si la Virgen cura a su pequeña.

“Si me la cura estaré agradecido eternamente y dispuesto a hacer cualquier sacrificio para demostrarle mi confianza a la Virgen”, dijo, al borde del llanto.

Manuel Medina:
“La dirigencia terminó, pero no el amor en nuestra Madre”
El 12 de agosto de todos los años empieza el peregrinaje de Manuel Medina, su esposa, Toya Crespo, sus dos hijos, sus tres nietos y su nuera. Los acompañan más de 50 familiares. Esta tradición la mantienen desde hace 26 años.

Medina fue por muchos años presidente del Comité 15 de Agosto, que se conformó hace 57. “La dirigencia terminó, pero no el amor y la fe en nuestra Madre Bendita”, asegura este propietario del restaurante Marabú en Cuenca, el cual deja todos los años al cuidado de sus empleados para cumplir con la visita que dura siete días.

Esta familia llegó el martes con una cantidad incontable de rosas blancas y rosadas y contrató a una persona para que los arreglos se coloquen desde el 14 de agosto en el altar de la Virgen.

Su estadía concluye hoy, cuando la Virgen salga del Santuario y en procesión se dirija a Loja. Su primera parada será en San Pedro de la Bendita y hasta allí la acompañará Manuel Medina y su familia.

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