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Un mundo de deudas

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Sencillos consumidores suelen acumular deudas. En Taiwán, piden ayuda al Gobierno para quienes deben a los bancos.
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Noticia relacionada El crédito crece a la par del riesgo

Agosto 17, 2008

Por GRETCHEN MORGENSON

Grandes apuros financieros por un pequeño plástico

La acumulación de montos opresivos de deudas con las tarjetas de crédito se ha convertido en un fenómeno global. En Estados Unidos, estar endeudado ya es casi un estilo de vida. Pero las tarjetas de crédito que muchos ven como la clave para un nivel de vida más alto, se están volviendo en contra de sus titulares, que pueden llegar a quedarse fuera no sólo de un mejor estilo de vida, sino hasta de sus casas.

Según el Consejo de la Reserva Federal, los estadounidenses tienen una deuda por consumo de 2,56 billones de dólares. La deuda por tarjeta de crédito de un hogar medio es de 8.565 de dólares, casi 15% más que en el año 2000.

La deuda de los hogares, con hipotecas y tarjetas de crédito incluidas, representa 19% de sus activos, según el Consejo de la Reserva Federal, frente a 13% en 1980. En cambio, la tasa de ahorro del país, que superaba el 8% del ingreso disponible en 1968, se ubicaba en 0,4% a fines del primer trimestre de este año, según la Oficina de Análisis Económico.

Un ejemplo que ilustra en qué puede desembocar este desequilibrio es el caso de Diane McLeod. Hasta el momento en que colapsó financieramente, era la cliente soñada para los prestamistas. Hacía malabares con dos hipotecas, un crédito para el auto y una costosa y elevada deuda con sus tarjetas de crédito.

Separada y con un hijo de 20 años que vivía con ella, tenía dos empleos para poder pagar su casita en las afueras de Filadelfia, el Kia que usaba para ir al trabajo y las carteras y chucherías que le gustaban. El año pasado, una racha de emergencias médicas la llevó a una situación límite. No pudo seguir pagando su casa ni las cuentas de su tarjeta de crédito. Después perdió su trabajo. Ahora enfrenta la posibilidad de desalojo y su perfil crediticio está en ruinas.

Años gastando más de lo que ganan han dejado a una cantidad récord de estadounidenses como McLeod al borde del abismo financiero. Si bien las circunstancias que rodean estas situaciones varían, un elemento es idéntico: las prácticas crediticias de los negociadores de deuda de Estados Unidos han llevado a millones de personas a la quiebra.

Las tasas que cobran las emisoras de tarjetas de crédito subieron de 17,7% en 2005 a 19,1% el año pasado. Las cuotas medias más recientes pasaron de menos de 13 dólares en 1994 a 35 dólares en 2007, y las cuotas cobradas cuando los clientes exceden sus límites de crédito aumentaron más del doble, pasando de 11 a 26 dólares por mes, según CardWeb, una publicación en Internet de información sobre pagos y tarjetas de crédito.

“En este momento, a los prestamistas lo que más les interesa no son los créditos al consumidor que se pagan, sino el crédito como activo de ganancia constante”, dijo Julie L. Williams, asesora principal de la Oficina del Interventor de la Moneda, en un discurso de 2005.

En 2007, cuando McLeod ganaba 48.000 dólares (un monto que disminuía de manera significativa luego de los descuentos por impuestos nacionales y de Pennsylvania), le cobraban más de 20.000 dólares sobre sus distintos créditos.

A mediados de los 90, McLeod sacó varias tarjetas de crédito. Cuando su matrimonio empezó a tambalear, compraba para sentirse mejor, dijo. Como en las Páginas Amarillas de Verizon ganaba un sueldo que le alcanzaba para vivir, McLeod decidió romper su matrimonio y comprarse una casa propia en febrero de 2003. Le costó 135.000 dólares y para la hipoteca no tuvo que hacer ningún anticipo porque sus antecedentes crediticios eran buenos. “Me sentí muy orgullosa cuando compré la casa”, explicó McLeod. “Pensé que viviría allí hasta mi muerte”.

A su deuda se sumaban, no obstante, casi 25.000 dólares en deudas de tarjeta de crédito que arrastraba desde su matrimonio.

Como su marido no tenía un sueldo regular, todas las tarjetas estaban a su nombre. Después de un año en la casa, un amigo que era agente hipotecario le sugirió que consolidara sus deudas en un nuevo crédito inmobiliario. La propiedad se había valuado cerca de 30.000 dólares y esta vez tampoco tuvo que poner dinero para el crédito.

“Me resultó increíblemente fácil”, recordó. “Era una trampa, pero yo no lo sabía.” La refinanciación tenía su costo: una multa de 8.000 dólares por cancelar la hipoteca anterior anticipadamente y 1.500 de costos por el nuevo crédito.

Para cubrir esos gastos, recurrió a su cuenta de retiro. Sólo más tarde se dio cuenta de que debía pagar una multa de 3.000 dólares por retiro anticipado al fisco (el IRS en Estados Unidos). Como no tenía efectivo, lo cargó a una tarjeta de crédito.

Muy pronto había acumulado otros 19.000 dólares en deuda de tarjeta de crédito. Pero como su casa se había revalorizado, una vez más refinanció su hipoteca.

Casi inmediatamente después de refinanciar, a fines de 2005, la tienda donde tenía el segundo empleo como vendedora de joyas le recortó el horario.

Directamente se fue y su hijo se fue de la casa para vivir con una amiga, dejando de ayudarla a pagar la renta. McLeod pagaba 1.500 dólares por mes de su hipoteca.

Como suele ocurrir con muchos estadounidenses abrumados por deudas, una enfermedad la empujó al borde del abismo. En enero de 2006, su médico le dijo que tenía que hacerse una histerectomía. Tenía seguro, pero no podía tener un segundo empleo.

Ella misma empeoró aún más las cosas durante su recuperación, mientras veía los canales de compras en su casa. Más adelante ese mismo año se dio cuenta de que estaba en problemas. Empezó a vender chucherías, carteras, ropa y otros artículos en eBay para poder cubrir sus facturas de calefacción y comida. Dejó de pagar sus tarjetas para hacer frente a la hipoteca.

Hace un año volvió al hospital, esta vez con una apendicitis. Los medicamentos que le recetaron incrementaron sus gastos y para septiembre ya no pudo pagar más la hipoteca.

El 14 de febrero, fue suspendida y al poco tiempo despedida de su trabajo en Verizon. Contó que debía 237.000 de la hipoteca de su casa.

Sobre esa cantidad, los costos judiciales son 4.350 y “otros” aranceles relacionados con la cancelación llegan a unos 3.000. Su deuda total de tarjeta totaliza unos 34.000 dólares.

Cada vez, las cuotas atrasadas y las multas por exceder el límite incrementan la deuda. Dijo que es probable que pida la quiebra.

En el remate de su casa el 12 de junio no hubo ningún postor. El banco pronto la desalojará. McLeod dice que espera vivir en un departamento donde pueda pagar sus facturas a tiempo.


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