Nadie sabe con certeza cuánta gente vive en China, pero hay al menos 1.300 millones de habitantes. Y debido a una creciente longevidad y a la política de un solo hijo, envejece con rapidez.
Los demógrafos calculan que para el 2050, más de una cuarta parte de la población china tendrá 60 años o más.
Los visitantes de las Olimpiadas, no obstante, pueden ser perdonados por pensar que China es una tierra de juventud anormal, donde nadie tiene más de 30 años. Casi 100.000 voluntarios, vestidos con camisas azul “Pekín 2008”, trabajan en estos Juegos Olímpicos, al atender las estaciones de seguridad, conducir carros de golf, responder preguntas o dar la bienvenida a la gente —“para comunicar sonrisas y crear armonía”, en palabras de un comunicado de prensa del comité organizador de Pekín. Casi el 90% de ellos tiene entre 20 y 30 años. Los chinos de más edad, y en Pekín abundan, no están visibles, en su mayoría.
Todos los Juegos Olímpicos son un poco anormales, por supuesto: son intervalos bienales de fantasía, cuando el mundo finge ser un lugar más feliz y amistoso. Y todos los Juegos dependen de voluntarios, especialmente estudiantes de preparatoria y universidad.
Sin embargo, en Pekín son extraordinarios por la cantidad inmensa de jóvenes que trabajan, todos aparentemente alegres, corteses, amigables y decididos a crear una buena impresión.
Los voluntarios son parte de un guión mucho más grande para lo que podría ser el espectáculo más cuidadosamente orquestado en la historia de las Olimpiadas —una versión a gran escala de la ceremonia inaugural, cuya intención es demostrarle al mundo, y a los chinos, que pertenecen a las ligas mayores.
El foro se ha ampliado, para incluir no sólo a las sedes deportivas sino a toda la ciudad de Pekín. Los mendigos e indigentes han sido levantados y expulsados de las calles. Se ha exhortado a la gente a dejar de fumar y escupir y adoptar la costumbre occidental de hacer fila para el autobús, en lugar de amontonarse.
Hay personal de seguridad por doquier. Pero son sus multitudes de voluntarios quienes causan la mayor impresión y quienes parecen enviar el mensaje más fuerte sobre cómo desea ser percibida China. Este es el rostro que le muestra el país al mundo: joven, entusiasta, orgulloso y patriota.
El hecho de que haya tantos, y que estén tan concentrados en su labor, no es accidente. Hay pocos voluntarios de mediana edad, quizás, porque la gente de 40 y 50 años ha vivido parte de los trastornos políticos de China y tiene sentimientos más complicados sobre el país que los jóvenes patriotas. En China, no es inusual que los anuncios que solicitan empleados especifiquen que los candidatos deben ser atractivos o tener cierta estatura.
Los patrones están acostumbrados a encontrar exactamente lo que buscan.