Domingo 17 de agosto del 2008 Sucesos

Estudiantes reconocen que la droga llega a colegios

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En sobres hechos de hojas de cuadernos se expende la droga en las calles. Muchos vendedores llegan incluso a los colegios.

 Afuera de los colegios privados y fiscales de Guayaquil, la mayoría de  chicos son esquivos a las interrogantes sobre si han conocido casos de compañeros que estén consumiendo drogas o si al lugar donde estudian llegan ciertos expendedores.

Unos escuchan atentos las preguntas, otros ni siquiera se detienen y huyen como si tuvieran algún temor; sin embargo, entre los mismos grupos de compañeros con los que están departiendo hay chicos que reconocen que a sus colegios llegan diferentes tipos de drogas.

“Los pandilleros son los que más traen marihuana y te la ofrecen, pero también hay chicos que parecen ‘sanos’ y cargan sobres de base o no sé qué, pero es un polvo blanco”, cuenta Anita, una adolescente estudiante de un colegio del suburbio oeste de Guayaquil.

 Uno de sus compañeros la escucha y le hace señas como para  que no hable más. “Es que aquí el ‘sapo’  (hablador) es castigado por los mismos pandilleros”, replica el chico algo temeroso por la conversación que sostiene la joven, quien dice que el portero revisa  mochilas, pero “igual las drogas pasan”.

 María, alumna de un colegio particular del centro de la ciudad, también reconoce que en su curso hay chicos que consumen alcohol y “de vez en cuando drogas, porque todavía no son viciosos. Ellos nos cuentan y a veces hasta ofrecen marihuana”, comenta la chica.

En tanto, una maestra del colegio César Borja Lavayen, que prefiere mantener su nombre en reserva, dice que alumnos de su institución le han contado que los expendedores de droga no solo llegan a las calles aledañas a esa institución, sino que se concentran en sitios donde se instalan las máquinas tragamonedas y las de videojuegos, centros de concentración de niños y jóvenes en la ciudad.

“Aprovechan que los chicos necesitan dinero para seguir con el ‘vicio’ del juego y les ofrecen la droga para que la vendan y ganen comisión, aunque al principio les dan para que la consuman y así les crean adicción”, sostiene la maestra.

En otro colegio privado del norte, una maestra cuenta que hace unos meses dos estudiantes comenzaron a  mostrar rebeldía y bajaron el rendimiento escolar. “Cuando dialogamos con los padres les sugerimos que los lleven a un psicólogo y se concluyó que los chicos estaban comenzando a consumir base de cocaína”.

“Los padres nos confiaron el problema que tenían los chicos y los hemos ayudado, tanto que ahora han mejorado y retomaron sus actividades deportivas”, cuenta satisfecha la mujer.
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