Domingo 17 de agosto del 2008 Sucesos

Vendedores de droga llegan a colegios y se toman aulas de clases

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Maestros y psicólogos dicen que los vendedores de drogas llegan a las puertas de los colegios, donde consiguen a los chicos que las expenden en las aulas.

Encuesta de la OMS revela que el 7,6% de estudiantes, de 12 a 15 años, ha usado drogas en Guayaquil.

Letty tiene 16 años. Estudia en un colegio privado. En ese lugar, cuenta la joven, hasta hace poco tenía un compañero  que siempre les ofrecía una pipa pequeña llena de marihuana, la que escondía entre sus libros y cuadernos, en una mochila.

Era un joven de solo 15 años, pero en el colegio había alcanzado “fama” por ser el abastecedor de esa droga e incluso de base de cocaína, para quienes la deseaban. En la institución, sus maestros le hacían un seguimiento, pero nunca le hallaron evidencias; sin embargo, lo separaron cuando se embriagó durante un viaje de estudios.

La primera encuesta mundial de Salud Escolar en adolescentes de 12 a 15 años en tres provincias del Ecuador, realizada a fines del 2007 con el respaldo   de la Organización Mundial de la Salud (OMS), determinó que al menos el 29,4% de estudiantes en Guayaquil  ingiere  bebidas alcohólicas y el 7,6% consume  drogas;  en Quito, el 31% bebe y el  5,5% usa drogas; y en Zamora, provincia consultada del Oriente, el 3,2% se droga.

“Lo alarmante es que la mayoría ha consumido drogas más de una vez, sobre todo marihuana y base de cocaína”, expresa Eva Cevallos, coordinadora del área de Salud Mental de la Dirección Provincial del Guayas, entidad que  lideró la encuesta de la OMS que por primera ocasión se efectuó en Ecuador y que todavía se está procesando a nivel nacional.

Sin embargo, el primer paso para el consumo de las drogas es la ingestión de alcohol. “Lo beben incluso niños menores de 12 años porque lo tienen en sus  hogares, donde sus padres les dan ese ejemplo”, dice Juan Montenegro, presidente de la Asociación de Psiquiatras del Ecuador, quien hace poco recibió en su consultorio a una niña de 12 años que consumía drogas que le ofrecía una compañera.

A los centros de educación, cuenta Cevallos, la droga casi siempre llega por una vía: los  pushers (vendedores de estupefacientes), quienes las expenden en las calles aledañas a las instituciones, pero primero hacen adictos a chicos que luego son sus vendedores. Al joven de 15 años, por ejemplo, le “pagaban” con droga cada venta.

“Hemos denunciado ese tipo de hechos muchas veces, pero la Policía no reacciona, dan una vuelta y nada más”, dice una de las autoridades del colegio fiscal Francisco de Orellana, donde en septiembre pasado dos jóvenes fueron descubiertos consumiendo droga en un baño.

 Una situación similar se presentó en el colegio 28 de Mayo. Ahí, en cambio, cinco jóvenes fueron detenidas por tenencia de droga (marihuana), meses después fueron absueltas.

“Ese fue un grave error, tenían que darles apoyo. Apresarlas no era la solución”,  refiere Ricardo Loor, coordinador del área de control de la demanda de drogas del Consejo Nacional de Sustancias Estupefacientes y Psicotrópicas (Consep).

En la tercera encuesta nacional sobre consumo de droga en hogares, ese organismo concluyó en que 20 de cada 100 personas usan varias drogas en el Ecuador; e indica además que la marihuana la  consume más la población de Quito, con 7,84%, y en Guayaquil solo  el 2,80%.

Él, que el jueves último inició un programa de orientación preventiva dirigido a los integrantes de los departamentos de Orientación Vocacional de 30 instituciones de Guayaquil, cree que a los chicos no solo hay que hablarles de prevención sino que se los debe ayudar a que  analicen y sepan enfrentar los problemas familiares o personales que se presenten.

Sin embargo, Ruth Cepeda, vicerrectora del colegio Amarilis Fuentes, cree que también se debe involucrar a los padres en este proceso, “porque la formación moral comienza en el hogar”, dice, y cuenta que el año pasado el consejo de disciplina expulsó a una chica que intentó vender drogas en el aula.

“La mayoría de menores que se involucran en el comercio ilícito de drogas, sobre todo  marihuana y cocaína, abandonó el hogar y perdió todo contacto con su familia”, concluyó Visión Mundial México, una ONG que trabaja con grupos marginados, poniendo siempre énfasis en la niñez, para quienes cada vez –dicen– es más “fácil” conseguir drogas.

En Guayaquil, por ejemplo,  los chicos que fueron descubiertos ofreciendo  drogas a sus  compañeros eran consumidores y  provenían de hogares disfuncionales o no tenían suficiente control de sus padres.

Alerta
CON lOS MENORES

Cambios repentinos de la personalidad, excesos de mal humor sin causa alguna y aumento de peleas familiares.

Baja del rendimiento escolar o abandono de estudios; pérdida de interés en los  deportes y hobbies, aislamiento y unión con  gente extraña.

Llamadas telefónicas de personas desconocidas.

Alteraciones en el apetito y un aspecto somnoliento.

Incapacidad para cumplir con sus responsabilidades.

Actividades antisociales tales como mentir y robar, y muestra de ojos enrojecidos, ojeras profundas y notorias.

Cambios en los hábitos de higiene y   alteración drástica de la apariencia personal.

Reacción defensiva cuando  mencionan drogas y alcohol.

Presencia de instrumentos para consumo de droga, frascos de colirio y jarabes.

Juan Montenegro
PSIQUIATRA

“En estratos bajos los chicos comienzan con inhalantes, en los más altos lo primero que consumen es marihuana”.

Eva Cevallos
DIRECCIÓN DE SALUD
“Crece el consumo en menores, porque la edad no es ningún obstáculo para poder comprar droga, menos  el alcohol”.

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