sábado 16 de agosto del 2008 Columnistas

Lo que dice

La palabra sirve para expresar ideas, ciertamente, pero también sentimientos.

Cuando hablamos, la palabra se acompaña con tonos y gestos y, por supuesto, se pronuncian en un ambiente que puede ir desde la frialdad de la discusión técnica hasta la euforia de la manifestación política, pasando por la cordialidad de una reunión de amigos o la calidez del encuentro romántico o familiar.

Cuando se escribe, la palabra está sola. En la literatura el reto es construir con ella el ambiente físico y emocional que permita al lector vincularse con la situación y con los personajes e incluso identificarse con alguno de los protagonistas o rechazarlo. Pero esto es en la literatura.

Los textos legales son distintos, requieren claridad y precisión. Deben ser entendidos por todos los ciudadanos y comunicarles exactamente la idea del legislador. Las leyes ponen las pautas comunes de la vida en sociedad y, por lo tanto, deben ser conocidas y comprendidas por todos los ciudadanos que solo disponemos de los textos y de lo que ellos dicen.

Para entendernos, las palabras tienen un significado convencional y, si no lo sabemos, tenemos el recurso de buscarlo en el diccionario, ese es el referente común cuando del sentido de las palabras se trata. La gramática de nuestra lengua tiene además los signos de puntuación cuya ubicación es importante para entender el sentido de un párrafo.

El 28 de septiembre debemos votar aceptando o rechazando el texto constitucional elaborado por la Asamblea Constituyente y, para hacerlo, debemos leerlo y entenderlo.

Al leer la propuesta de Constitución entendemos o no lo planteado pero, además, hay  casos en los que quienes fueron miembros de la Asamblea que la redactó dejan claro, en sus declaraciones, que no todos los legisladores entendieron lo mismo al aprobar los textos. Un ejemplo es el artículo 408 que al referirse, entre otros recursos naturales, al espectro radioeléctrico, dice: “ El Estado participará en los beneficios del aprovechamiento de estos recursos, en un monto que no será inferior a los de la empresa que los explota”. Cuando se comentó que esto significa que, por ejemplo, las empresas radiodifusoras deberán entregar al Estado la mitad de sus utilidades, el asambleísta Pedro de la Cruz afirmó que era  necesario para “democratizar” los medios, mientras la asambleísta María Paula Romo dijo en una entrevista radial que no quiere decir eso. Pero lo cierto es que la ciudadanía, no sabe lo que quiere decir sino lo que dice y es eso, lo que dice, lo único de lo que disponemos para decidir nuestro voto y la Constitución que regirá nuestro futuro.

Así que, concentrémonos en la lectura, busquemos el diccionario, entendamos plenamente lo que dice, lo que está escrito y no lo que nos digan que quiere decir y votemos en consecuencia.
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