sábado 16 de agosto del 2008 Columnistas

Polarización

A diferencia  de lo ocurrido en otros países,  en Ecuador no existen  estudios que permitan determinar la dinámica de la llamada tensión social, abarcando este las señales de frustración y rechazo que se pueden originar entre las diversas clases o estratos sociales y económicos debido a la presencia de varios factores tales como la inequidad, la desigualdad, la exclusión, la falta de oportunidades y en general la  ausencia de los llamados beneficios democráticos. La inexistencia  de una sociología de la tensión social provoca que las responsabilidades sean, en muchos casos, mal distribuidas.

Revisemos lo que está ocurriendo actualmente en el Ecuador. Se ha acusado al Gobierno de crear una  polarización social, una tensión entre los diversos estratos, nunca antes vista en la historia de la república, afirmación que no es del todo prolija. La polarización que permite crear este sentimiento de recelo ha permanecido disimulada, esquiva pero latente en la sociedad ecuatoriana, precisamente debido a esos signos inconfundibles de hastío respecto a la situación imperante. Si hubiesen existido los estudios sociólogos a los cuales  hacía referencia, se habría determinado por ejemplo, en qué regiones del país se dan los síntomas de mayor malestar social, cuáles son las causas que lo producen y qué tan proclives estamos los ecuatorianos a convertir el descontento en clave política. No es, por lo tanto, que el régimen actual haya originado la fricción social, lo que ha hecho es utilizarla como parte de un libreto político que ha dado singulares beneficios electorales en varios países de la región.

La teoría no es nueva y basta con revisar los postulados de la llamada lucha de clases desde el análisis marxista para así comprobarlo. En todo caso, podemos revisar también la utilización del resentimiento por parte de presidentes  como Hugo Chávez, quien ha manejado con vehemencia y desborde el discurso necesario para exacerbar la tensión social existente en Venezuela, con inevitables objetivos electorales. Se utiliza, por lo tanto, una retórica orientada a remarcar las deudas sociales, siendo dicho elemento un factor constante de manipulación política. Tampoco es que en este país no se ha utilizado nunca la tensión social como parte del discurso político, resultando interesante la revisión de los elementos que utilizaron Guevara Moreno y Assad Bucaram, solo para citar unos ejemplos.

Lo que trato de remarcar es que las condiciones estaban dadas para que se aproveche políticamente la tensión social, por lo que también es necesario afirmar que en sociedades sin las desigualdades ni las exclusiones como las nuestras, el rédito político de la polarización es virtualmente nulo. Ahora bien, ¿qué tan conveniente puede ser para un país el aceptar este estado de enervamiento  social? Pienso que muy saludable, en la medida y en la visión de un gobernante que  reconociendo las causas de la polarización, sume y no divida. Es  más difícil de lo que parece.

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