Sábado 16 de agosto del 2008 Deportes

"Si no hay medalla, me conformo con un récord español o una final": Quiñónez

MADRID | Por Patricia Villarruel

Dice Ascensión Ibáñez, entrenadora personal del vallista hispano-ecuatoriano Jackson Quiñónez, que su discípulo de 27 años no integra esa hornada de deportistas que se encoge ante un adversario superior. A él esa circunstancia le motiva y es este detalle el que mejor permite dilucidar el espíritu competidor que atesora. La debilidad sicológica no encuentra acomodo en el cuerpo brioso del esmeraldeño. “En Pekín me enfrentaré a seis o siete atletas con mejor nivel que el mío, pero no me preocupa. Todo lo contrario, me crezco cuando soy consciente de que me encuentro física y técnicamente en un nivel inferior”, confesaba a este Diario minutos antes de abordar el vuelo que el miércoles 6 de agosto le transportó a China.

Quiñónez, récord español en 110 metros vallas (13,33 seg.), se refiere sobre todo a dos de sus principales rivales: el cubano Dayron Robles (marca mundial con 12,87 segundos); y al campeón olímpico, dueño de casa y considerado mayor héroe deportivo de su país, Liu Xiang (13,18).

Entre junio y julio, la preparación diaria del atleta se centró en “corregir errores cometidos en las competiciones y marcar el ritmo de carrera”, explica Ibáñez.

El problema, añade, “era que aceleraba demasiado, tocaba alguna valla y perdía el ritmo”. Sobre las complicaciones en las salidas, Quiñónez sostiene que se deben a su altura (1,90 m) y peso (91 kg), “pero hay que buscar la perfección”. Esa conjunción imprescindible entre “la fuerza bruta del sprint y la armonía del salto”.

No es su primera cita olímpica. En Atenas 2004 defendió el uniforme de su tierra natal. “Me siento muy orgulloso de haber representado a Ecuador y de participar ahora por España, pero no es comparable la infraestructura económica y deportiva”, subraya.

Tercero de cuatro hermanos, el vallista no arribó a la ciudad catalana de Lérida, donde reside, empujado por las penurias económicas. Su padre, ingeniero agrónomo, y su madre, maestra de toda la vida, le vieron partir a la Península con una beca de la Fundación Solidaridad Olímpica para asistir a un programa que combinaba alto rendimiento y estudios. Decidió nacionalizarse español cuando el apoyo ecuatoriano resultaba insuficiente para su meteórica progresión profesional. Le costaba llegar a fin de mes. De su bolsillo salía el sueldo de fisioterapeutas y médicos. En la actualidad, el plusmarquista del FC Barcelona vive sin estrecheces, volcado en su preparación deportiva. Y los resultados no mienten. “Estoy contento con la evolución y las marcas”, asegura el velocista al tiempo que confiesa su preocupación por las condiciones adversas de calor y polución en las Olimpiadas.

La prensa española le coloca en el grupo de potenciales medallistas. “Lo importante es que en los entrenamientos previos le vaya bien y que esté confiado de que está realizando buenos ritmos de carrera”, apunta Ibáñez.  En Pekín le aguarda la gloria pero Quiñónez prefiere orillar cualquier exceso de optimismo. Si el podio se le resiste se conformaría “con un nuevo récord español o una final olímpica”, sentencia.

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