El Grupo de Caballería Yaguachi ofrece equinoterapia a menores con discapacidad.
Algunos llevan días, otros meses, inclusive años. Son alrededor de 90 niños y jóvenes de Ibarra y Otavalo (Imbabura), Cayambe (Pichincha), El Ángel (Carchi) y San Lorenzo (Esmeraldas), que asisten dos veces por semana a recibir el tratamiento de hipoterapia en el Grupo de Caballería Yaguachi.
También conocido como equinoterapia, este método de rehabilitación física y mental que se realiza utilizando caballos, es una de las más reconocidas terapias de ayuda y beneficio para las personas con discapacidad.
Acompañados de sus padres, los pequeños, que en su mayoría sufren de retardo mental, síndrome de Down o distrofia muscular, llegan puntualmente (09:30) a esta unidad militar, donde los reciben terapistas y soldados que cumplen esta labor benéfica.
Esperanza Mantilla, madre de Daniela Tapia, de 20 años, joven que sufre de retardo mental, es una de las más amenas del grupo al iniciar la jornada.
“A ver chicos, es un nuevo día y hoy van a mejorar mucho más”, les dice mientras alista a Daniela para que monte a Jerónimo, un caballo de color café y tan manso que se deja acariciar los ojos y orejas.
La mujer recuerda que fue una vecina quien le aconsejó que asistiera a ser parte de este proceso. Añade que con las terapias Daniela tiene una mejor reacción. “Antes era muy tímida y siempre se mostraba triste, ahora está más activa, participativa y comunicativa”.
Ya han pasado siete años desde que se inició este proyecto y los jefes militares siguen contribuyendo con este beneficio.
Cada martes y jueves Piedad Solano, madre de Cristian Ruano, un niño Down, realiza un largo viaje desde San Antonio. “Pero el esfuerzo vale la pena”, dice la madre, quien indica que la terapia además incluye bailes con música nacional que sale de una pequeña grabadora.
Marilú Otuna es una de las terapistas que brinda atención en el proyecto, al cual se vinculó por intermedio de un convenio que firmaron el Innfa y el Patronato Municipal de Ibarra.
La profesional, de descendencia afroecuatoriana, ha trabajado con cientos de pacientes. “Montar transmite a los pacientes estimulación muscular, sentido de balance, coordinación, orientación y ritmo. El movimiento del lomo del caballo se convierte en un verdadero equipo terapéutico”, señala y refiere que este proceso deja buenos resultados.
Según el cabo Segundo Rodríguez, este servicio le brinda satisfacción porque transmite alegría y diversión a los niños.
Hace un mes y para estar a la par de las terapistas, este soldado esmeraldeño realizó un curso de hipoterapia en la Escuela de Equitación de Sangolquí. Allí mejoró sus conocimientos y ahora los pone en práctica.
Este proyecto va a seguir y por muchos años, señalan sus promotores.