- AGO. 14, 2008 - Foto - Migración - EL UNIVERSO
Flores y lágrimas.
El naufragio del 13 de agosto del 2005, en el que fallecieron 94 personas y sobrevivieron 9, fue recordado ayer con una misa oficiada junto al monumento del Migrante, levantado en el cementerio municipal.
Allí los familiares de los fallecidos se acercaron a las placas para colocar flores. Con el celular de su abuela, Diana Maza, de 8 años, fotografió la placa donde está inscrito el nombre de su padre desaparecido, Diego Maza Morocho, para enviar las gráficas a su madre, Martha Déleg, de 25, quien emigró para afrontar deudas por $ 15.000, a las que se suma otra de $ 18.000 para su viaje ilegal.
La madre de Déleg, María Guzmán, ahora es la responsable de cuidar a sus nietos Mishel y Cristian Marcelo; este último tenía dos meses y medio en el vientre de su madre cuando partió su padre, y solo lo conoce por fotos y videos.
Los detalles de la misa, por pedido de su hija, los filmó para enviárselos junto a fotos de su hijo, de quien se separó cuando tenía un mes de edad porque no le alcanzaba su sueldo de 100 dólares para sustentar la manutención de los menores y pagar lo adeudado, acotó Guzmán.
Parientes de Julio César Morocho también acudieron, uno de ellos fue su suegra, Celia Puchi, quien lloró por su yerno, pero a la vez se lamenta por la suerte de su hija, Norma Ullauri, quien quedó sola en Queens (EE.UU.) al cuidado de sus hijos de 14, 15 y 16 años, a los que mantiene con la venta ambulante de películas en DVD.
Morocho llevó progresivamente a su familia, pero a los 4 años de su estadía fue deportado y al intentar la reunificación familiar murió en su travesía y dejó a su esposa con una deuda de 26 mil dólares.
La misa oficiada por el sacerdote Marcelo López fue la ocasión para que los familiares se unieran en un abrazo.