Es un músico de oído, que le ha legado a Guayaquil y al Ecuador canciones que están enraizadas en el sentimiento popular.
El compositor y cantante Carlos Aurelio Rubira Infante comenta que la fama es una fantasía. Lo dice convencido, a sus 86 años, sentado en la sala de su austera vivienda de la ciudadela Las Acacias, donde mora rodeado de sus galardones (trofeos, diplomas y medallas), los únicos objetos que decoran el espacio de este maestro, autor de aproximadamente 600 canciones, muchasde ellas enraizadas en el sentimiento popular. Las más conocidas en los géneros de pasacalle y pasillo.
Cuenta, con humor, ese humor que no lo abandona nunca, que hace poco lo visitaron dos amigos argentinos, muy amigos de Libertad Lamarque, cantante argentina con la que él alternó alguna vez en Guayaquil, y le dijeron: “Carlos, pensábamos que con tantas canciones bonitas usted vivía en un rascacielos”. Sonríe. Mira a su alrededor. Y dice que los diez mil dólares de los que está dotado el Premio Nacional Eugenio Espejo, que hace poco obtuvo, los destinará a arreglar su casa, que es de una planta. Quiere hacerle otra.
Comenta que no busca reconocimientos y que nunca espera nada de nadie. Todo lo hace por amor a la música, a su patria y a su ciudad, pero si le otorgan un galardón, lo agradece. “El reconocimiento por parte del Gobierno no lo esperaba”, comenta, mientras evoca la ceremonia de premiación de la semana pasada, presidida por el mandatario Rafael Correa, a la que Rubira acudió con su esposa y sus hijos, y de la que dice fue linda. Lo emocionó que un trío interpretara sus canciones Chica linda, Esposa y Guayaquileño.
Lo que sí lamenta es no haber tenido oportunidad de decirle a Correa su pensamiento: “Le hubiera querido decir que limara sus asperezas con el Alcalde de Guayaquil, que así trabajarán mejor y le harán mucho bien a la Patria”, dice. Rubira es padre de cinco hijos y abuelo de trece nietos. Además, bisabuelo de una niña. “Y fíjese, todo eso a mi corta edad”, bromea.
La palabra patria la pronuncia con frecuencia. Dice que a su tierra la ama profundamente. Y también nombra a su madre, que era una mujer muy recta y lo supo encaminar. Cuenta, por ejemplo, que cuando él era un jovencito, una noche salió de casa y ella le dijo que debía regresar a las nueve. Llegó pasadas las diez “y ya el colchón estaba al lado de la puerta”.
Comenta que se inspira en su madre para componer, una actividad que él hace de manera autodidacta, de oído, pero que está tocada por la magia que únicamente tienen los virtuosos. Para hacer sus canciones se acompaña de su guitarra, que es su mayor cómplice y la que ocupa un lugar destacado en su vida. Ahora tiene un piano, que le ha regalado uno de sus hijos, pero todavía no lo sabe tocar.
Dice que su esposa pasa en la Península de Santa Elena. Él viaja hasta allá los fines de semana, donde dirige y locuta un programa radial en el que difunde la música nacional, “aunque mi voz ya no es como antes”, reconoce.
Está jubilado, luego de más de treinta años de trabajo en el Correo, pero a Rubira le gusta estar activo. Sigue componiendo. No deja de practicar la actividad por la cual alcanzó fama. “Yo escribo y tas, tas, tas”, resume su forma de trabajo. Y a veces sale, “porque de estar sentado la circulación me falla”, agrega. Pero lo sobrelleva. “Lo que no quiero que me falle nunca es la memoria”, sostiene. Manifiesta que es asesor del Museo de la Música, un proyecto que califica de maravilloso. “Fue una gran idea de la historiadora guayaquileña Jenny Estrada, que se la pasó al Alcalde y el Alcalde, no menos inteligente, la ejecutó”, afirma.
A ese lugar acude los miércoles de tarde. Lamenta que el vehículo que lo lleva no pueda dejarlo en la puerta de ingreso del museo, ya que no está permitido que los carros lleguen hasta allí, le han dicho. Eso no le agrada. Sin embargo, va feliz, porque halla mucha gente talentosa para el canto. Lo dice él, que ha sido maestro de grandes figuras de la música, como Julio Jaramillo y Olimpo Cárdenas.
PERFIL: Carlos Rubira
EDAD
86 años. Vino al mundo el 16 de septiembre de 1921, en la misma fecha que se fundó este diario. “Nací a las seis de la tarde, pero EL UNIVERSO me ganó. Nació a las cinco de la mañana”, cuenta.
SUS CANCIONES
Ha escrito más de 600 canciones para artistas en el país. Entre estas, Esposa, Guayaquileño, Chica linda, Playita mía, etcétera.