Jueves 14 de agosto del 2008 Cultura

El gran señor de la música

Carlos Rubira Infante, Premio Eugenio Espejo

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Carlos Rubira Infante con su guitarra, la cómplice de sus centenares de canciones. Ocupa un lugar especial en su casa, de Las Acacias.

Es un músico de oído, que le ha legado a Guayaquil y al Ecuador  canciones que están enraizadas  en el sentimiento popular.

El compositor y cantante Carlos Aurelio Rubira Infante comenta  que la fama es una fantasía. Lo dice convencido, a sus 86 años, sentado en la sala de su austera vivienda de la ciudadela Las Acacias, donde mora rodeado de sus galardones (trofeos, diplomas y medallas), los únicos objetos que decoran el espacio de este maestro, autor de  aproximadamente 600 canciones, muchasde ellas enraizadas en el sentimiento  popular. Las más conocidas en los géneros de pasacalle y pasillo.

Cuenta, con humor, ese humor que no lo abandona nunca, que hace poco lo visitaron dos amigos argentinos, muy amigos de Libertad Lamarque, cantante argentina con la que él alternó alguna vez en Guayaquil, y le dijeron: “Carlos, pensábamos que con  tantas canciones bonitas usted vivía en un rascacielos”. Sonríe. Mira a su alrededor. Y dice que   los diez mil dólares de los que está dotado el Premio Nacional   Eugenio Espejo, que hace poco obtuvo, los destinará a arreglar su casa, que es de una planta. Quiere hacerle otra. 

Comenta que no busca reconocimientos y que nunca espera nada de nadie. Todo lo hace por amor a la música, a su patria y a su ciudad,  pero si le otorgan  un galardón, lo agradece. “El reconocimiento por parte del Gobierno no lo esperaba”, comenta, mientras evoca la ceremonia de premiación de la semana pasada, presidida por el mandatario  Rafael Correa, a la que Rubira acudió   con su esposa y sus hijos, y de la que dice fue  linda. Lo emocionó que un trío interpretara sus canciones   Chica linda, Esposa y Guayaquileño. 

Lo que sí lamenta es   no haber  tenido oportunidad  de decirle a Correa su pensamiento: “Le hubiera querido decir que  limara  sus asperezas con el Alcalde de Guayaquil, que así trabajarán mejor y le harán mucho bien a la Patria”, dice.  Rubira es padre de cinco hijos y abuelo de trece nietos. Además,  bisabuelo de una niña. “Y fíjese, todo eso a mi corta edad”, bromea.

La palabra patria la pronuncia con frecuencia. Dice que a su tierra la ama profundamente. Y  también  nombra  a su madre, que era una mujer muy recta y lo supo encaminar. Cuenta, por ejemplo, que   cuando él era un jovencito, una noche salió de casa y ella le dijo que debía  regresar a las nueve. Llegó pasadas las diez “y ya el colchón estaba al lado de la puerta”.

Comenta que se inspira  en su madre para componer, una actividad que él hace de manera autodidacta, de oído, pero que está tocada por la magia que únicamente  tienen los virtuosos. Para hacer sus canciones se acompaña de su guitarra, que es su mayor cómplice y la que ocupa un lugar destacado en su vida. Ahora tiene un piano, que le ha regalado uno de sus hijos, pero todavía no lo sabe tocar.

Dice que su esposa pasa en la Península de Santa Elena. Él viaja hasta allá los fines de semana, donde dirige y locuta  un programa radial en el que difunde la música nacional, “aunque mi voz ya no es como antes”, reconoce.

Está  jubilado, luego de más de treinta años de trabajo en el Correo, pero a  Rubira le gusta estar activo. Sigue componiendo. No deja de practicar la actividad por la cual alcanzó fama.  “Yo escribo y tas, tas, tas”, resume su forma de  trabajo. Y a veces sale, “porque de estar sentado la circulación me falla”, agrega. Pero lo sobrelleva. “Lo que no quiero que me falle nunca es la memoria”, sostiene. Manifiesta que es asesor del Museo de la Música, un proyecto que califica de  maravilloso. “Fue una gran idea de la historiadora guayaquileña Jenny Estrada, que se la pasó al Alcalde y el Alcalde, no menos inteligente, la ejecutó”, afirma. 

A ese lugar acude  los miércoles de tarde. Lamenta que el vehículo que lo lleva no pueda dejarlo en la puerta de   ingreso del museo, ya que no está  permitido que los carros  lleguen hasta allí,  le han dicho.   Eso no le agrada. Sin embargo,  va  feliz, porque halla  mucha gente talentosa para el canto. Lo dice  él, que ha sido maestro de  grandes figuras de la música, como Julio Jaramillo y Olimpo Cárdenas.

PERFIL: Carlos Rubira

EDAD
86 años. Vino al mundo el 16 de septiembre de 1921, en la misma fecha que se fundó este diario. “Nací a las seis de la tarde, pero   EL UNIVERSO me ganó. Nació a las cinco de la mañana”, cuenta. 

SUS CANCIONES
Ha escrito más de 600 canciones para artistas en el país. Entre estas, Esposa,   Guayaquileño, Chica linda, Playita mía, etcétera.

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