El poder y la presencia de Dios me renuevan, recibo curación.
Curación
Reconocer y hablar la verdad de que mi esencia es ser sano y estar bien puede ser difícil cuando enfrento un reto de salud.
Sin embargo, el leer la Biblia me anima a tener presente esta verdad. Una historia bíblica nos habla de una mujer quien había estado enferma por doce años. Los médicos no habían podido curarla y sus recursos se habían agotado. A pesar de todo esto, ella tenía fe. En medio de una multitud, un día, siguiendo a Jesús, ella tocó el borde de su manto, con fe de que sanaría. Y gracias al poder y la presencia de Dios, fue sanada.
El poder divino de curación expresa vida activamente en todo mi ser ahora mismo. Haciendo a un lado toda duda, afirmo que gracias a la presencia y el poder de Dios, soy sano. El armonizar mi mente y cuerpo con la vida divina restablece mi salud.
–Marcos 5:34
“Él le dijo: -Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda sana de tu enfermedad”.