Un significativo evento tuvo lugar en días pasados. Ante miles de jóvenes estudiantes que coparon el coliseo Voltaire Paladines, la Ministra de Salud presentó, a nombre del Gobierno, el Plan Nacional de Prevención y Control del Tabaquismo. El acto resultó un animadísimo festival en pro de la salud y la vida. Fue una avanzada en el afán social por persuadir a los jóvenes de no dejarse atraer hacia el cigarrillo, por convencer a quienes ya han adquirido el hábito, de los profundos beneficios de dejarlo, y por contrarrestar la difusión y publicidad del cigarrillo.
De hecho, este afán social contra el tabaquismo viene de mucho atrás.
Durante décadas, las poderosas empresas tabacaleras de Estados Unidos y otros países negaron encarnizadamente las evidencias médicas de que el cigarrillo causa cáncer y enfermedades cardio y cerebrovasculares. Derrocharon miles de millones de dólares en defender sus intereses, pero tuvieron que rendirse ante las pruebas irrefutables de instituciones médicas, del informe del Director Nacional de Salud de Estados Unidos y de la Organización Mundial de la Salud.
Esta, con gran visión, elaboró un Convenio Marco para el Control del Tabaquismo, que sirvió para que 120 países aprobaran medidas y acciones contra el tabaco. Nuestro país es signatario de tal acuerdo.
En 1989 el Ministerio de Salud del Ecuador expidió un acuerdo con normas de control sobre el comercio y uso del tabaco y creó el Comité Interinstitucional de Lucha Antitabáquica (CILA), el cual, apoyado por estamentos gubernamentales y privados, funciona hasta hoy.
En 1995 una encuesta reveló que cerca del 20% de los adolescentes de 12 a 15 años de edad ya había fumado cigarrillos. En el 2002, en Quito, más del 20% de adolescentes varones fumaba y también 12% de las chicas. Actualmente, se empieza a fumar en promedio a los 13 años de edad. Tales cifras indican que el nocivo hábito ha aumentado entre los adolescentes.
Los datos, además, confirman que las transnacionales tabacaleras, cuyas ventas disminuyeron a un mínimo en Estados Unidos (gracias a enormes demandas, a regulaciones estrictas y a la educación masiva sobre los riesgos mortales del fumar), hoy dedican multimillonarios recursos a promocionar el tabaquismo en los países del Tercer Mundo. Los innumerables fumadores de nuestros países son, desafortunadamente, víctimas de semejante publicidad.
En 2005 la mortalidad en Ecuador por cáncer y enfermedades relacionadas al consumo del tabaco, alcanzó la alta cifra de 26,1%.
Ante estas realidades, el Gobierno ha puesto en marcha un Plan Nacional Antitabáquico, que se basa en las nuevas leyes vigentes, como la Ley Orgánica de Salud, muy bien elaborada. Y esto contribuirá, sin duda, a prevenir la insidiosa expansión del tabaquismo.