Martes 12 de agosto del 2008 El Gran Guayaquil

Los jóvenes se unen para lograr más integración

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Cinthya Cuero y Jéssica Sánchez se reúnen con jóvenes de martes a jueves en el Cepam, ubicado cerca del mercado Caraguay.

En su día mundial cuentan sus sueños y cómo llegaron a participar en grupos sociales.

Hace cinco años asistió por primera vez a una charla sobre sexualidad en el Colegio Carlos Estarellas Avilés, del Guasmo norte. Allí descubrió que aprender sobre sexualidad no implica únicamente hablar de relaciones sexuales.

Cinthya Cuero tenía 14 años y estudiaba en el Colegio Guayaquil. “Nos enseñaron los secretos de nuestro cuerpo, cómo respetarlo, cómo cambia y las sensaciones que percibimos con un abrazo. Lo más impactante fue descubrir que todos los chicos teníamos las mismas dudas y pudimos hablar de ello sin sentir vergüenza”, dijo.

Ella, al igual que Jéssica Sánchez, de 16 años, se vinculó al grupo juvenil Pasos y Huellas del Centro Ecuatoriano Para la Promoción y Acción de la Mujer (Cepam) por charlas que estos dieron en sus colegios.

Desde entonces empezaron a asistir a los talleres que se dicta a los jóvenes semanalmente sobre temas como la violencia intrafamiliar, valores, sexualidad, VIH, entre otros.

Hoy, en el Día Mundial de los Jóvenes, recuerda que de los 3’356.563 jóvenes que hay en el país, el 51% son mujeres “que deben conocer sus derechos”.

Las consecuencias de la desinformación se revelan en las estadísticas del MIES. El 39,3% de jóvenes, entre 15 y 29 años, está viviendo en unión libre y o está casado, dice.

Fue la necesidad de información que llevó a ambas chicas a luchar con sus padres para que les permitan participar en este grupo, donde Cuero ahora trabaja. Asiste además a otro en el Guasmo sur, donde aprende teatro y pintura.

“Las familias deben entender que no solo el dinero alimenta a los hijos, también necesitamos tiempo para hablar sobre las cosas que nos suceden”, refiere Ramiro Morán, de 20 años, quien es parte de la Fundación Manos Amigas del Mañana.

Fue difícil, recuerda Cuero, pues sus padres le decían que perdería el tiempo o que era un pretexto para buscar enamorado. “Tuve que pedirles que vengan a ver lo que hacía”, dice.

Algo similar pasó Sánchez, quien cuenta que lo que convenció a su familia fue ver que en el Cepam ella podía informarse sobre el tema que no se mencionaba en casa: sexo.

Los jóvenes ya no se conforman con un “no” como respuesta a sus preguntas, quieren espacios para compartir sus ideas con chicos de sus edades, refiere Gabriela Hernández, coordinadora del área juvenil del Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES).

Así lo ha percibido en las reuniones con organizaciones juveniles que trabajan en Guayaquil, diez de ellas registradas en el MIES. “Los chicos roqueros nos piden talleres para crear microempresas, quieren dejar de ser juzgados por su forma de vestir o sus gustos musicales”.

La misma necesidad plantean grupos en la isla Trinitaria y Bastión Popular, que buscan la forma de asociarse, pues el 94% de los jóvenes vive con sus padres y tiene que ayudar a la manutención del hogar.

Movimientos como El Gran Clan (The Big Clan) han presentado planes para formar líderes en zonas marginales; en Milagro, los estudiantes quieren aprender a organizarse; Geojuvenil organiza talleres sobre el medio ambiente.

El enfoque de la red juvenil, según la funcionaria, es posicionar a las juventudes como un grupo etario de mucha importancia. Hay grupos que trabajan hace algún tiempo, pero cada vez se van fortaleciendo con más miembros. No solo en Guayaquil, en Playas, también. Es este mes la red tiene previsto hablar sobre su participación la nueva  Constitución.

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