La víctima recibió un tiro cuando sujetos trataron de matar a comensales de su puesto.
Angélica Huerta no deja de reclamar por su mamá, María Dalinda Vásquez Girón. La pequeña, de 5 años, aún no comprende por qué debe resignarse a ya no disfrutar de los juegos y cariños que compartía con ella.
Esto después de que dos antisociales acabaron con la vida de su mamá, la noche del pasado domingo, en el suburbio.
El crimen ocurrió mientras la mujer, de 47 años, atendía su negocio de comidas, ubicado en el portal de su casa, en las calles Sedalana entre la 49 y 50.
Junto a ella también estaban su esposo, Francisco Huerta, y sus hijas Angélica y Cindy Huerta, esta última de 15 años, quien indicó que el asesinato se produjo después de que a las 21:00 de ese día tres hombres y una mujer se acercaran al puesto a servirse la comida.
“En ese momento dos sujetos aparecieron a bordo de una moto y comenzaron a hacerle problema a uno de los clientes, pero como este no les hizo caso, los tipos se fueron”, aseveró.
Sin embargo, una hora después, los sujetos volvieron a pasar por el negocio en el mismo vehículo liviano, avanzaron hasta un parque cercano, donde dieron la vuelta, y al regresar dispararon contra los comensales. Al escuchar los tiros, Francisco Huerta y sus hijas se lanzaron al piso. Mientras que la mujer, quien estaba frente al asadero preparando alitas de pollo, fue herida con un impacto de bala en el estómago, el cual perforó su hígado.
“Fueron nueve disparos con una pistola”, agregó el esposo, quien mencionó que los cuatro clientes huyeron.
Él llevó a su cónyuge al hospital Guayaquil, donde falleció a las 23:00 mientras era intervenida quirúrgicamente.
Pandilleros
Testigos del hecho identificaron a los autores del crimen como N.N., alias Coca, de 17 años; y N.N., alias Gavica, de 15. Acotaron que ambos son miembros de una pandilla y que habitan por el sector.
“Son muchachos que se dedican a robar en la moto y siempre andan armados, incluso ya han estado en el correccional”, dijo un habitante sin dar su nombre. No obstante, se desconoce qué relación tenían con los comensales y por qué querían matarlos.
En tanto, familiares de la fallecida exigieron que se detenga a los sospechosos.
“Mi mamita estaba trabajando y me la mataron, este hecho no puede quedar impune”, expresó entre lágrimas Cristhian Huerta, de 25 años. Él es uno de los ocho hijos que tenía la víctima, cuatro de ellos son menores de edad.
Otros dos hijos, en cambio, residen desde hace dos años en Estados Unidos.