La voluntad de superar la degradación de la política de partidos era tan mayoritaria que, casi sin discusión, se aprobó una Asamblea para redactar una nueva Constitución.
Los ciudadanos encomendamos a los asambleístas redactar la Constitución. Tal era el deseo de cambio, que firmamos un cheque en blanco. Los asambleístas se atribuyeron plenos poderes y se dedicaron a dictar leyes sin marco constitucional. Inicialmente dieron la imagen de arquitectos que construyen sin planos. Al observar que nos oían, pero no nos escuchaban, fuimos descubriendo que los planos los tenían previamente elaborados. De hecho, como buenos militantes, los impusieron sin discusión en los últimos días.
El referéndum es un elemento positivo en la elaboración de esta Constitución. No escucharon a tiempo. Ya nada se puede cambiar. Los poderes de los asambleístas terminaron. Queda solo estudiar el proyecto y votar.
El proyecto se parece a una torta sabrosa, en la que lastimosamente se han colocado gotitas de cianuro. Algunos sugerimos oportunamente que el proyecto se proponga por partes, para que los ciudadanos puedan escoger unas y rechazar otras.
Un distinguido asambleísta me dijo que no se despenalizará el aborto en el proyecto constitucional, que se dejaría la despenalización para leyes posteriores. Le dije que el procedimiento escamotea la voluntad ciudadana, pues esas leyes no serán sometidas a discusión.
Es normal que unos ciudadanos fijen su atención más en la torta, otros en el cianuro. Unos más, otros menos, queremos el bien común. Decidir el voto solo por intereses personales o de grupo debiera ser vergonzoso.
Algunos autotitulados “progresistas” motejan a otros como “conservadores”. ¿Cuál es el punto de referencia para determinar si estamos adelantados o retrasados? Lo que a todos importa y debiéramos preguntarnos es: ¿Qué nos humaniza en el proyecto? ¿Qué nos deshumaniza? De la respuesta debiera depender el Sí o el No.
En vez de razonar acerca del tema concreto, algunos, para motivar al Sí, están recurriendo a insultos, amenazas y acusaciones que, además de falsas, nada tienen que ver con el proyecto.
Para lograr un Sí razonado, hay en la torta del proyecto elementos buenos a favor de los pobres, sin necesidad de señalar elementos que nada tienen que ver, como los afirmados “privilegios de los curas”, que no precisan, porque no existen.
Los “curas”, para seguir a Cristo, Hijo de Dios hecho hombre, estamos invitando a los creyentes a que cada uno decida, teniendo en cuenta valores humanos. Más que el Sí o el No, nos importa que decidan consciente y libremente.
Más que una posible persecución, nos preocupa que nuestro Presidente, a quien respetamos, sea acusado nacional o internacionalmente –no por los “curas”– como instigador de atropellos. Él invitó a insultar en los templos como mentirosos a los que, en cumplimiento de su misión, señalen a la consciencia de los fieles los valores humanos, que debiera tener el proyecto de Constitución, para ser aceptado. Desgraciadamente, traspasando la invitación del Señor Presidente, no solo han gritado en unos templos, han profanado en otros la Eucaristía.