- AGO. 11, 2008 - Foto - El País - EL UNIVERSO
SARAGURO, LOJA. Abraham Patiño y Angel Carrillo temen que el proyecto hidroeléctrico de Enerjubones afecte la zona.
Los habitantes temen reubicación ante la posible construcción de una presa hidroeléctrica.
En las partes altas, que llegan a los 2.000 metros sobre el nivel del mar se dibujan diversidades de elevaciones áridas y secas, que con el permanente calor convierten a la zona en un desierto. Pero en la parte baja, el río Jubones baña extensas planicies que se convierten en valles productivos de la región.
Uno de esos valles es Sumaypamba, parroquia del cantón lojano Saraguro, cuyos territorios colindantes forman el área limítrofe entre las provincias de Azuay, Loja y El Oro.
A este lugar se llega por dos caminos. Por el nororiente de Saraguro, uno polvoriento y pedregoso, por donde se trasladan comerciantes de Loja para llevar cebollas, tomates, berenjenas, maíz y pimientos que se cultivan en el sector.
Pero también llegan comerciantes de Guayaquil, Machala, Pasaje, Santa Isabel, Girón y Cuenca con intención de proveer sus mercados con esa producción, a través de la vía Cuenca-Girón-Pasaje.
Geográficamente Sumaypamba es el sector más ancho de la cuenca del río Jubones y aún tiene caudal en las épocas de estiaje, por eso la empresa Enerjubones creada en diciembre de 2007 por los consejos provinciales de Azuay y El Oro presentó un proyecto para construir allí un presa hidroeléctrica, con la que se aportaría con el 13% de energía al país.
El proyecto hidroeléctrico denominado Minas-La Unión, pretende inundar miles de hectáreas que aún no se precisan en los estudios de prefactibilidad realizados el año anterior, pero los moradores de las comunas de Playas, Mostaza, Zeus, Cochas, San José y Uchucay temen que sus terrenos estén involucrados.
Por eso se reunieron con técnicos de Enerjubones y autoridades de Loja la semana pasada para pedir explicaciones técnicas, que no fueron sustentadas por un error en la agenda, según justificó Diego Rodas, gerente de la empresa, pero ofreció la próxima semana presentar las bases del proyecto.
Varios pobladores expusieron sus temores, como Manuel Fajardo, propietario de una mina de piedra y arena, quien dijo que por la ubicación de sus terrenos ese es el único oficio para darle uso y sobrevivir con los réditos.
Mientras que Ángel Carrillo explicó que a lo largo de los últimos 30 años las comunidades de Sumaypamba convirtieron al valle en tierra productiva.
Jaime Mendieta, presidente de la Junta Parroquial, pidió que no solo se determinen los montos que se pagarán como indemnización, sino que se reubique a la comunidad en una zona donde exista agua para recuperar el actual nivel de productividad.
Rómulo Salazar, asesor jurídico de la comunidad, manifestó “nadie se opone a la construcción, pues será de beneficio nacional, pero todos quieren saber sobre su destino una vez que el proyecto se construya”.
Ante esto, el sociólogo de Enerjubones, Juan Tenorio, dijo que en los próximos meses se harán los estudios de factibilidad y solo con esos resultados se sabrá si se construye.
Iván Genovés, técnico del Consejo Provincial del Azuay, mencionó que el reglamento de Enerjubones propone un modelo de gestión administrativa, en el cual se redistribuyan los recursos generados por los proyectos en la comunidad.
Apuntes
Reclamo
Proyecto
El gerente de Enerjubones, Diego Rodas, manifestó que en varias ocasiones se invitó al prefecto de Loja a formar parte del proyecto, esto ante el reclamo que hizo Rómulo Aguirre, en representación de la Prefectura de Loja. Sin embargo, el técnico Iván Genovés, dijo que aún puede participar, más aún cuando existe un crédito de $ 10 millones para los estudios de prefactibilidad y que deben asumirse por los organismos de Azuay y El Oro.