Dentro de nuestros ojos existe un lente natural llamado cristalino que debe ser completamente transparente para que cumpla la función de enfocar de manera nítida las imágenes.
Pero con el paso de los años, y acelerado por ciertas enfermedades como la diabetes, traumas severos o el consumo de cortisona –medicamento contra la inflamación–, el lente puede ir perdiendo su curvatura y elasticidad haciéndose voluminoso y rígido.
La persona afectada se va sumiendo en una neblina que cada vez le produce mayor dificultad. Inicialmente presenta mucho deslumbramiento con luces, no distingue los desniveles en el piso y siente cansancio al leer e inseguridad en la marcha.
Según el oftalmólogo Eduardo Viteri Coronel, cuando el cristalino –ubicado detrás de la pupila– se ha vuelto muy opaco en un estado muy avanzado quiere decir que tiene catarata y de no ser tratada a tiempo puede provocar ceguera.
Esta pérdida de transparencia ocurre progresivamente en casi todas las personas, pero afecta más a la mitad de quienes tienen 65 años y a los mayores de 75 en el 90%.
La oftalmóloga Ana María Borja de Navarrete dice que hay otro tipo de catarata que puede aparecer en los niños desde su nacimiento llamadas congénitas, cuyo tratamiento es quirúrgico y lo más rápido posible desde su detección, porque la retina, que capta los estímulos luminosos externos y manda la información al cerebro para producir las imágenes, termina de madurar alrededor de los 8 años de edad. Si no se corrige provocaría una ceguera por deprivación que le impedirá desarrollar la visión, transformando sus ojos en vagos (ambliopía).
También existen las cataratas infantiles y juveniles, que serán quirúrgicas según la deprivación de visión que produzcan.
Sustituir el lente
La cirugía consiste en remover el cristalino opacado y sustituirlo por un lente artificial que se coloca en el mismo sitio, restaurando la visión que se había perdido a consecuencia de las cataratas.
Según el Instituto Nacional del Ojo de los Estados Unidos, solamente se debe remover cuando la pérdida en la visión interfiere con sus actividades diarias, como manejar, leer o ver televisión.
Hoy existe la tendencia mundial a extraer las cataratas en una etapa más temprana porque su consistencia está gelatinosa o pastosa, lo que permite hacerse a través de una incisión menor a 3 mm. Para ello se utiliza una sonda con ultrasonido que fácilmente la fragmenta para luego aspirarla mezclada con fluidos. Se conoce como facoemulsificación.
“La intervención dura alrededor de diez minutos y se realiza con gotas de anestesia. Pero si el paciente está muy tenso y no puede mantener fija la mirada y hace mucha fuerza con los párpados se coloca anestesia en estos para evitar que los mueva. Habitualmente se va a casa con un protector que se retira al día siguiente y empieza a notar la mejoría”, dice Viteri.
Borja agrega que los procedimientos quirúrgicos en los niños siempre deberán realizarse bajo anestesia general, porque ellos no colaboran. Debe ser impartido por el anestesiólogo pediatra y bajo los cuidados y condiciones óptimas.
Viteri dice que cuando la catarata está muy avanzada, su volumen aumenta y se endurece hasta alcanzar una consistencia leñosa. Esto dificulta la extracción con ultrasonido y en casos extremos solo puede eliminarse por incisiones de más de 10 o 12 mm que requieren utilizar puntos de sutura y demoran varias semanas en cicatrizar, obligando a la persona a limitar su actividad física.
Lentes intraoculares
Después de haber removido el cristalino defectuoso se procede a implantar un lente intraocular que vuelve a restablecer el enfoque de las imágenes. Hoy la tecnología ofrece los de tipo bifocal, que permite recuperar tanto la visión de lejos como de cerca. Pero no todas las personas son candidatas adecuadas como aquellas que sufren de opacidad en la córnea, astigmatismo elevado (el ojo no tiene forma esférica sino ovalada) o degeneración macular, que es una alteración degenerativa de la parte central de la retina conocida como mácula responsable de la visión central, entre otras.
También se pueden implantar lentes intraoculares de perfil asférico, es decir, la parte central del lente tiene un poder distinto a la periférica con lo cual se obtiene mejor calidad de visión en ambientes de baja iluminación. Incluso hay los tóricos, que sirven para corregir problemas de astigmatismo, cuando la imagen entra desenfocada.
“Los lentes que pueden pasar por la incisión menores a 3 mm son de acrílico plegable y flexible y en ellos vienen impregnados filtros de luz ultravioleta y azul, de manera que le dan a la persona un mejor enfoque y protección para la radiación potencialmente dañina”, dice Viteri.
Mediciones oculares
Desde hace cinco años los cirujanos oftalmólogos trabajan con láser para medir el tamaño del globo ocular y estas medidas las introducen en fórmulas computarizadas para calcular el poder del lente intraocular que le va a dar la mejor visión posible a cada ojo.
“Estos lentes están disponibles en un amplio rango de poder, porque el tamaño de los ojos y la curvatura de la córnea presentan muchas variaciones en los pacientes”, dice Viteri.
Antes de implantar un lente intraocular, el médico hace una evaluación de la visión, la presión intraocular, el fondo de ojo y mediante un topógrafo corneal se determina la forma y curvatura de la córnea.
“Cuando el paciente es muy avanzado en edad es importante realizar un examen de contaje de células endoteliales de la córnea, para establecer la calidad de esta y poder realizar el procedimiento quirúrgico adecuado y dar un pronóstico”, dice Borja.