Los hospitales y unidades médicas de la Policía y de las Fuerzas Armadas están al borde de la crisis. La falta de presupuesto, personal médico, infraestructura y medicamentos provocan que estos no puedan atender adecuadamente a sus propios afiliados. Peor si se integran a una red nacional, si así se determina, de aprobarse la nueva Constitución.
La Dirección Nacional de Salud de la Policía cuenta con dos hospitales de cuarto nivel y 85 centros y subcentros de salud que prestan atención a 54.879 asegurados entre activos, y suma 192.048 entre pasivos, montepío, orfandad e invalidez.
El servicio de salud se financia con el 2,5% del salario del personal activo. Esto representa $ 5 millones anuales para el hospital Quito, $ 3 millones para el Guayas y $ 2 millones para centros y subcentros.
Recursos insuficientes. El de Quito, por ejemplo, requiere de $ 11 millones anuales para operar. “Por eso debemos cobrar la consulta a los familiares del policía, $ 3”, dice Rafael Yépez, director de Salud de la Policía.
También hay problemas que surgen por falta de espacio.
“Deberíamos establecer precios para cobrar la consulta, medicamentos, intervenciones quirúrgicas y tratamientos de rehabilitación”, agrega Yépez.
El caso de las Fuerzas Armadas es similar. Según el reglamento de salud del Issfa (Instituto de Seguridad Social de las FF.AA.), se cubren enfermedades y maternidad para el personal activo. También al cónyuge y los hijos del militar asegurado hasta la edad de 25 años. Son 72.322 afiliados titulares y 139.499 dependientes.
La congestión de pacientes obliga al hospital Militar en Quito a entregar turnos de atención médica para dentro de 15 días. Ese fue el caso de Tránsito Cuichán, que acudió a la casa de salud para tratarse de las várices. Ella no es parte de la institución militar ni tiene parientes.
Como civil tuvo que pagar $ 12 por la consulta y esperar 15 días para atenderse.
Según un estudio actuarial del Issfa, si en cinco años no se toman medidas, habrá un déficit de $ 7,5 millones y el seguro quebrará. Por eso, el Consejo Directivo sugirió que los propios pensionistas financien con un “aporte voluntario” del 3,35% de su salario. Por eso, el director del Issfa, Fernando Cevallos, comenta que el futuro será difícil.
En el hospital de Cuenca las colas rodean el edificio y se forman desde la víspera.