Saturado en ciertas áreas, el negocio de los locutorios ajusta su modelo a base de las comisiones.
Domingo Collaguazo ha visto surgir y desaparecer cabinas telefónicas en los últimos dos años en su barrio. Pero eso no lo detuvo para entrar en el negocio, al permitir que una empresa instale un locutorio en su bazar, situado en el suburbio de Guayaquil.
Al mismo tiempo que atiende a sus clientes también está pendiente de la cabina, que aunque no le pertenece recibe de esta el 21% de comisión sobre el monto facturado por las llamadas, al estar funcionando en su local.
El locutorio compite con otros cuatro que funcionan a su alrededor. Pero Collaguazo dice que, pese a la competencia, la cabina representa un ingreso extra, porque no tuvo que hacer un gasto para instalar la infraestructura.
Con este esquema, en el que una compañía hace la inversión y arma un locutorio en un negocio a cambio de una comisión, han entrado decenas de pequeños comercios. Es que la saturación de cabinas en ciertas zonas de la ciudad ha hecho que algunos desistan, con sus propios recursos, de participar en el mercado.
Hace tres años, las operadoras celulares tenían unos 2.000 locutorios o puntos de ventas equipados con este servicio. Actualmente se calcula que operan -entre todas las marcas- más de 20.000 locutorios, según especialistas.
Juan Carlos Blum, gerente de Cabired, compañía que tiene 400 locutorios propios instalados en tiendas, bazares y otros, afirma que el mercado está saturado por la alta competencia. De allí que decidieron incursionar con un modelo diferente, en donde el minorista no invierte, sino que gana un pago por dejar que funcione la cabina.
“Nosotros suscribimos un contrato en el cual se considera la prestación del servicio y el tendero obtiene un porcentaje como comisión de ese trabajo. Si el vendedor factura $ 112 por semana, lleva $ 21 de ese monto”, explica Blum.
Bajo este modelo, Cabired, con todo su grupo de cabinas, facturó el año pasado $ 1,2 millones y este año unos $ 150 mil por mes.
Para ‘sobrevivir’ en el mercado, en cambio, otros dueños de locutorios, que montaron la infraestructura con su propia inversión, ahora tratan de subsistir combinando el servicio de telefonía con un emprendimiento distinto. Carlos Plúas, quien tiene cabinas en el norte de la urbe, decidió crear un minimarket a la par que su locutorio por la “alta saturación”.
Hugo Carrión, consultor en telecomunicaciones, sostiene que a medida que la penetración de la telefonía celular se incremente, el uso de locutorios podría reducirse.
El especialista considera que el abonado de telefonía celular actualmente tiene más alternativas y tarifas promocionales para usar sus terminales frente a las cabinas, aunque indica que algunos prefieren los locutorios para hacer llamadas internacionales por los bajos costos.
Frente a las variantes que registra este negocio, algunas empresas, que en una primera etapa participaron del desarrollo de locutorios en la zona urbana, miran los sectores rurales para aprovechar espacios. Otros, en cambio, ajustan su estrategia comercial en áreas específicas de las cabinas ya instaladas.
Desde hace un año y medio, por ejemplo, Telecabina, compañía que presta servicios a locutorios, bajó el ritmo al montaje de nuevos establecimientos para vender tiempo aire (para hacer llamadas) en las cabinas operativas.
Roberto Apolo, gerente regional de Telecabina, explica que con ese servicio atienden a unos 5.000 locales, tanto de la marca como de otras.
El ejecutivo también cree que la instalación de nuevos locutorios llegó a su capacidad en el área urbana, quedando “algo de espacio en la zona suburbana”.
Dentro del sector existe la convicción de que cuanto más se sature el mercado menos rentable será el negocio y eso provocará a su vez que los locutorios se empiecen a cerrar paulatinamente, quedando solo participando de las ganancias los más resistentes.
Cifras
150
Dólares. Esta puede ser la facturación semanal de una cabina de alto tráfico.
3.000
Cabinas. En Guayaquil hay entre 3.000 y 4.000 cabinas.
0,20
Dólares. Cada minuto de llamada oscila entre $0,20 y $0,30, según el destino.