Bañado por el resplandor del horizonte citadino, el corazón del centro financiero de Dubai es equiparable a las agresivas ambiciones de los banqueros de inversión extranjera que se apresuran a establecer un negocio ahí.
“Este es el nuevo Wall Street — es el centro de gravedad”, afirmó Fares Noujaim, nuevo presidente de las operaciones de Merrill Lynch en Medio Oriente y el norte de África, al señalar al edificio principal del Centro Financiero Internacional de Dubai. Llamado la Puerta, parece más un bloque gigante de arte moderno que un edificio de oficinas.
El auge de Dubai tiene años de beneficiarse del aumento del petróleo.
Su ultramoderno horizonte citadino, que apenas existía hace poco más de una década, se ha convertido en un símbolo destacado del surgimiento de este emirato, antes cubierto sólo por matorrales y ubicado en la costa oeste del golfo Pérsico, como el principal centro financiero, comercial y turístico de Medio Oriente.
Sin embargo, al tiempo que el efecto cada vez más profundo de la crisis crediticia se extiende desde Wall Street y causa estragos globales, al desinflar mercados en una época boyantes, desde Shanghai hasta Estocolmo, La Puerta recientemente se ha convertido en un faro aún más poderoso para una multitud de negociantes que busca hacerse de una tajada de uno de los últimos mercados alcistas restantes del mundo.
Los números son impresionantes. El crecimiento económico de Dubai es de aproximadamente el 11 % anual y el Gobierno espera que continúe a ese ritmo.
Los precios de la vivienda se dispararon un 42 % en los primeros tres meses del año.
Aunque tiene poco petróleo propio, el acogedor clima social y de inversión de Dubai, junto con zonas especiales con leyes independientes, lo han convertido en un enorme centro de comercio, más allá de Beirut en los setenta y Hong Kong en los ochenta.
Los economistas advierten sobre un auge descontrolado, al tiempo que la alta inflación, una divisa que se debilita cada vez más y la construcción desmedida avivan los temores de un grave revés en el futuro.
No obstante, para Noujaim, tales preocupaciones son para otro día.
“¿Burbuja? ¿Cuál burbuja?”, preguntó Noujaim, al reforzar su argumento de que la demanda global de petróleo, pese a la reciente caída de precios, incrementaría aún más su valor. “Esta será la próxima Singapur o Hong Kong”.
A principios de esta década, los múltiples viajes a China se convirtieron en la tarea de rigor entre los directores ejecutivos de Wall Street que buscaban ricos tratos en el extranjero.
Hoy eso ha cambiado al Medio Oriente: John J. Mack, de Morgan Stanley, y Lloyd C. Blankfein, de Goldman Sachs, han estado varias veces en Dubai desde que se dio el auge más reciente, hace unos cuantos años. Richard S. Fuld Jr., de Lehman Brothers, ha ido una vez y John A. Thain, que asumió el control de Merrill el año pasado, está programado para efectuar una visita este otoño.
Morgan Stanley destaca a sus 42 banqueros de inversiones instalados en Dubai y una próspera oficina en Riyadh, Arabia Saudita; Citigroup hace poco reubicó a su codirector de banca de inversiones, Alberto Verme, a la región; Deutsche Bank y UBS están enviando a un gran número de banqueros; y Goldman Sachs ha mandado a un aliado de alto nivel e ingreso fijo de Blankfein a plantar la bandera de la firma.
Para los ejecutivos corporativos en la región, la interrogante es ésta: ¿acaso Merril, Morgan y Goldman estarán en Dubai cuando ocurra la inevitable corrección?
A juzgar por lo que dice Georges Makhoul, director ejecutivo de las operaciones en Medio Oriente de Morgan Stanley, la respuesta es un rotundo sí. Morgan Stanley llegó a Dubai en el 2005 y se convirtió en uno de los primeros bancos estadounidenses en establecer una presencia.
“Tenemos más de 150 personas en la región”, apuntó. “Ese es un ejemplo de hacer las apuestas correctas”.
No se trata sólo de una marcha de banqueros —Dubai atrae hasta a 20.000 personas nuevas al mes, cifra que incluye grandes números de trabajadores del subcontinente surasiático que tienden las camas de los banqueros en los hoteles y los trasladan en automóvil por la ciudad en la fresca comodidad de sus Mercedes (aproximadamente el 90% de la población de Dubai, de 1,4 millones de habitantes, es extranjera).
“Nosotros también venimos a Dubai por el dinero”, expresó Mosrallah Khan, que trabaja 12 horas al día como taxista para ganar lo suficiente para enviarlo a casa a su familia, en Peshawar, Pakistán.