Citando amenazas a la seguridad pública y al sitio en sí, el Gobierno italiano declaró por primera vez un estado de emergencia de un año para la antigua ciudad de Pompeya.
Casi dos mil años después de que el monte Vesubio enterró a Pompeya bajo piedra pómez y humeante ceniza volcánica, alrededor de 2,6 millones de turistas caminan anualmente a través de ese sitio arqueológico, que figura en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.
Frescos en esa antigua ciudad romana, una de las atracciones más populares de Italia, se desvanecen bajo el sol abrasador o pierden fragmentos a manos de buscadores de souvenirs. Mosaicos soportan el impacto de decenas de miles de sandalias y tenis. Columnas y muros que se tambalean son reforzados por andamios de madera y acero. Candados oxidados prohiben el acceso a casas recientemente restauradas y parece haber una falta de vigilantes.
En julio, el Gobierno reclutó a un representante de la ley retirado, Renato Profili, ex prefecto de Nápoles, para que idee una estrategia para combatir el abandono y la degradación del sitio. Se le han otorgado poderes especiales a Profili durante un año para que pueda evitar la burocracia italiana y reforzar rápidamente la seguridad y detener la desintegración.
La esperanza es que muchas casas y fincas que ahora están cerradas al público y expuestas al saqueo y el vandalismo pronto sean abiertas de nuevo y protegidas.
“Pompeya es una tarjeta de presentación de Italia para los extranjeros y es importante que su impresión sea positiva”, señaló Sandro Bondi, ministro de cultura italiano. Él le pidió a Profili que tome medidas contra “abusos evidentes” como los guías de turistas sin licencia y los vendedores de recuerdos que abordan agresivamente a los turistas.
Bondi también dijo que Profili exploraría nuevas formas de administración innovadora en las que se podría reclutar a patrocinadores privados para financiar las mejoras.
Algunas de las ineficiencias en Pompeya son atribuídas a las normas y reglamentos del Gobierno. “Si tengo que reparar un muro roto”, dijo Pietro Giovanni Guzzo, encargado de las ruinas, “primero tengo que llamar a licitación para que un arquitecto evalúe los daños.
“Luego tengo que llamar a licitación para buscar una compañía que arregle el muro. Luego tengo que ver si tengo suficiente dinero en mi presupuesto para pagar la reparación, y después, finalmente, empieza el trabajo. “Si él pudiera evitar todo eso, sería muy positivo”.
Las ruinas, que cubren 44 hectáreas, padecen una severa carencia de personal. Los trabajadores son propensos a hacer huelgas. Constantemente se debe mantener a raya a las organizaciones criminales locales cuando se solicitan ofertas para obras de mantenimiento o para operar puestos de venta públicos en el sitio.
Aun así, Guzzo comentó que había logrado algunos avances desde que tomó el cargo, en 1995. Los visitantes ahora tienen acceso al 35% de las ruinas, en comparación con el 14% cuando llegó. Sin embargo, admitió que ese avance era muy pequeño.
A pesar del deterioro y la publicidad negativa, las ruinas aún impresionan. “Es maravilloso”, dijo Maria Nappi, turista de Connecticut. Afirmó que el sitio le daba una “maravillosa sensación de la vida en ese entonces, y su arte y amor por la belleza”.
En cuanto al estado deteriorado de las ruinas, dijo que simplemente era “la madre naturaleza tomando el control”.