Muy pocos han oído hablar de la BYD Corporation –Build Your Dream (Construye tu Sueño)– pero esta empresa creció hasta convertirse en la segunda productora de baterías en el mundo en menos de una década de existencia. Ahora proyecta un salto adelante: “Nos gustaría fabricar un auto con energía verde, instalable”, dijo Paul Lin, ejecutivo de mercadeo de BYD. “Nos sentimos capaces de hacerlo”.
Aun en China, aspiraciones tan altas pueden llegar a parecer demasiado ambiciosas. Pero BYD construyó una planta de montaje de autos y contrató a un equipo de diseñadores formados en Italia; y proyecta construir un híbrido verde para fin de año. No contentas con ser el centro de fabricación con mano de obra poco calificada, bajo costo y poco margen, las empresas chinas están tratando de subir la cadena de valor.
El Gobierno respalda este ímpetu con un enfoque doble: usar incentivos para alentar la innovación, pero también actuar para disuadir a los fabricantes baratos de trabajar en el sur de China. Ese paso revertiría uno de los motores del auge económico espectacular de este país.
Pero al introducir normas de trabajo y ambientales más duras y al poner fin a las exenciones fiscales para miles de empresas, el Gobierno ha enviado una señal contundente en cuanto a sus ambiciones globales, y contribuido a alentar un éxodo de empresas de una zona considerada durante mucho tiempo el taller del mundo.
El presidente Hu Jintao aludió a las ambiciones de China durante un encuentro de la elite científica de ese país en junio último ante la Academia China de Ciencias, donde exhortó a los científicos a desafiar a otros países en alta tecnología. “Estamos listos para un combate por controlar el lugar científico dominante y ganar un lugar en la esfera mundial de la alta tecnología”.
Las políticas públicas favorecen ahora a las zonas económicas de alta tecnología, a los centros de investigación y desarrollo y a empresas que prometen salarios más altos y más conocimiento. Una planta de chips para computadoras que está construyendo Intel en la ciudad de Dalian es bien vista; una fábrica textil que saca pares de medias por un dólar, no.
“Cuando un país está en sus etapas iniciales de desarrollo, como China hace 20 años, tener un centro de procesamiento de exportaciones es bueno para el crecimiento”, dijo Andy Rothman, analista experto en China desde hace tiempo en el CLSA, el banco de inversiones. “Pero hay un punto en que deja de ser apropiado. Ahora, China dice ‘No queremos ser el taller clandestino de chatarra en el mundo”.
Las empresas chinas están expandiéndose (o comprando firmas que trabajan con ese objetivo) en el área de software y biotecnología, automóviles, aparatos médicos y supercomputadoras. Este año, una empresa respaldada por el Gobierno presentó incluso su primer avión comercial de pasajeros. Pekín espera competir algún día con Boeing y Airbus. Marcas internacionales que pasaron a depender de China para la producción tercerizada ahora buscan alternativas.
Hasta el gigante minorista Wal- Mart, que trasladó su centro de abastecimiento global a Shenzhen en 2002, se verá obligado a encontrar nuevos canales de abastecimiento para satisfacer a sus 5.000 tiendas en todo el mundo.
“Básicamente el costo de las cosas que produce China para Home Depot y Wal-Mart está aumentando”, dijo Dong Tao, economista del Credit Suisse. “Pero hay otro aspecto.
En algunas áreas que China está por tomar, como equipos de telecomunicaciones, van a hacer bajar los precios”.
Para los economistas, el desarrollo de China sigue los pasos de Japón y Corea del Sur.
No obstante, sigue habiendo obstáculos, entre otros, derechos de propiedad intelectual deficientes y una cultura de copiar o robar tecnología a empresas extranjeras o a socios en empresas de participación.
Pero los expertos señalan aspectos positivos como la aparición de una clase empresarial agresiva, legiones de graduados en ciencia e ingeniería y un mercado interno ferozmente competitivo.
Peter J. Williamson, profesor de gestión empresarial en la Universidad de Cambridge, cuestiona la noción de que China carece de know-how tecnológico. “Son de los más grandes lanzando satélites.
Tienen mucha tecnología oculta en el área militar y ahora el Gobierno está reduciendo los presupuestos y presionando a las agencias para privatizar”, dijo. “O sea que, de golpe, salió a la luz mucha tecnología que para la gente no existía”. Ésa es la apuesta de China.