- AGO. 09, 2008 - Foto - Editorial - EL UNIVERSO
Más allá del espectáculo y la publicidad, lo que nos motivará a los seres humanos los próximos días es ver en acción el mayor esfuerzo físico de los mejores atletas de todo el planeta.
Eso no nos hará olvidar, por supuesto, que estas Olimpiadas se realizan en un país gobernado por un sistema político que es la antítesis del espíritu olímpico, porque allí no triunfa el mejor, sino el que tiene influencias en el Estado.
Es el régimen del partido único que concentra todo el poder, donde hay una ausencia total de contrapesos, y donde los gobiernos actúan sin controles ni fiscalización.
Sin libertades, ni derechos civiles, ni democracia, China nos ofrece desde hoy un espectáculo hermoso con un trasfondo trágico. Lo disfrutaremos, pero sin dejar de recordar a los que sufren las consecuencias.