Sábado 09 de agosto del 2008 El Gran Guayaquil

Un joyero precolombino

VERÓNICA REYES

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En su taller donde pasa hasta 10 horas en el día y crea diversas joyas, Ángel Espinoza, de 56 años, expresa que le gusta resaltar lo autóctono en sus diseños, aunque dice que esto no se valora.

PERSONAJES. El orfebre Ángel Espinoza se inspira en el pasado. Sus artesanías atraen turismo.

Su talento en la orfebrería (arte de labrar objetos en metales preciosos) encuentra en la cultura inca su mayor inspiración, aunque sostiene que detesta el sometimiento que sufrió la etnia en tiempos de Conquista.

A diario, en su taller ubicado en el primer piso del Mercado Artesanal, en Baquerizo Moreno entre Loja y Juan Montalvo, Ángel Espinoza Casco, de 56 años, diseña y plasma sobre oro y plata elegantes collares, anillos, dijes, aretes, insignias y otros accesorios.

Sus manos que se muestran con un tono negrusco que se acentúa en sus uñas y en la yema de sus dedos, por el uso de químicos y de un pequeño soplador, deja entrever los más de 20 años que el riobambeño le ha dedicado a este arte.

Él junto a otros 169 artesanos exponen sus creaciones en el primer recinto artesanal de la urbe, que data de los años 70.

Allí, el movimiento por la compra de los suvenires (del francés souvenir que significa recuerdos) ha aumentado un poco a propósito de la llegada de turistas serranos, que buscan llevarse un pequeño presente de Guayaquil.

Haciendo un alto a sus actividades de vendedor por la entrevista  en su local en la planta baja, donde intenta distribuir sus artesanías a decenas de visitantes locales y extranjeros a diario con un Welcome; Good morning, que si bien, reconoce, no es un inglés sofisticado, indica  invita al cliente a detenerse en la vitrina donde se exhiben las joyas, que se complementan principalmente con ónice, spondylus y concha de nácar.        

A pesar de los pedidos de la gente en cuanto a joyas se inclinan más hacia la tendencia moderna, de la que señala que ningún diseño, a diferencia de la  inca y otras culturas tradicionales, no expresan nada, insiste en su taller en la creación de accesorios con el estilo precolombino.

“El artesano en general siempre funciona a base de su imaginación y esta, a su vez, surge de su entorno como la naturaleza, la flora y la fauna y esas son las ideas que se plasman en el metal”, expresa el orífice.

Desde pequeño siempre luchó por reconocer la importancia del gremio artesanal.

Esto se evidenció desde que era un niño cuando iba al taller de su padre, también artesano, por cualquier pretexto.

“Le pedía a mi papá entre 3 y 5 sucres para comprar pan pero realmente lo iba a visitar para ver cómo trabajaba. Esa fue la herencia que recibí de él”, agrega Espinoza.

En el 2003 Espinoza fue elegido presidente de la Asociación Artesanal 20 Julio, gremio que está a cargo del Mercado Artesanal y fue su oportunidad para proponer mediante varios oficios al Municipio de Guayaquil la remodelación del recinto artesanal.

“Es un reto muy duro pero aún seguimos en esa labor. Creemos que es posible transformar el mercado en un lugar digno de visitar por los turistas. Aquí damos a conocer nuestro arte, nuestra cultura”, refiere  el conocido platero, quien con un poco de pena indica que ninguno de sus tres hijos seguirá su oficio, aunque siguen carreras afines al turismo.

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