The Police terminó una de las reuniones más exitosas del rock'n roll en el Madison Square Garden con un tributo a otros tríos famosos, la participación de verdaderos policías e indicios de que esta vez se trata de verdad de un punto y final.
El último espectáculo, el número 150 de una gira que se extendió por más de 14 meses, fue a beneficio de dos estaciones de televisión públicas de Nueva York. Sting, el guitarrista Andy Summers y el baterista Stewart Copeland se despidieron humorísticamente, pronunciando la célebre frase del cerdito Porky Pig: "Eso es todo amigos".
Tras las primeras cuatro canciones, Sting le agradeció a los miembros de su banda por "su musicalidad, su compañía, su amistad y su comprensión".
"El verdadero triunfo de esta gira es que no nos hemos ahorcado mutuamente", dijo. "Aunque no es que no se nos haya ocurrido de vez en cuando".
Sting y Copeland son personalidades difíciles que pelearon constantemente antes de que el grupo se disolviera en la cima de la popularidad en 1984. El paso del tiempo _ y las abultadas ganancias monetarias que ofrece una gira _ mantuvieron a la banda sumando fechas mucho más allá del plan original.
La reunión coloca a Police al lado de los Eagles como los dos regresos más exitosos en la historia del rock. Los Eagles están grabando y tocando activamente como grupo; Police dice que esta vez la despedida es definitiva.
La decisión de cerrar la gira en Nueva York fue intencional; la banda quería hacerlo en la misma ciudad en que tocó por primera vez en suelo estadounidense, hace 30 años, aunque aquella vez fue en un local mucho más pequeño, el extinto club nocturno CBGB.
La cita recabó fondos para las estaciones neoyorquinas WLIW-21 y Thirteen/WNET, obsequio inesperado para ambas: una vocera dijo que la oferta resultó ser una sorpresa y que les fue tan bien que hasta los puestos detrás del escenario se vendieron por 50 dólares unos días antes del show.
Durante una pausa previa al ¡otra!, una cámara siguió a Sting tras bambalinas donde se sentó, sin camisa, mientras unas estilistas excepcionalmente atractivas le afeitaban la barba. En pantallas de video el público vio el espectáculo entre risas, luego Copeland se acercó a besar el rostro limpio del cantante.
Sting aún tenía espuma de afeitar en la esquina de la boca cuando salió de nuevo al escenario para cantar Roxanne.
Entre otros momentos emotivos, tres de sus hijas bailaron a su lado durante su interpretación Every Little Thing She Does is Magic.