- AGO. 06, 2008 - Foto - Cultura - EL UNIVERSO
La iglesia de Los Ceibos parece tener la mejor acústica de la ciudad para las presentaciones de la Orquesta Sinfónica. El viernes pasado pude corroborarlo. Tenía una gran expectativa por escuchar aquel único concierto para violín compuesto por Aram Khatchaturian donde el virtuosismo de la solista contrastó con el toque romántico, la armonía sensual de la orquesta.
Ciertamente influenciado por Rimsky Kórsakov pero también, como lo notamos a propósito de Ravel, por Gershwin, el compositor ruso alcanzó popularidad mundial con la Danza del sable (del ballet Gayaneh) y la inolvidable melodía del adagio en Spartacus. Curiosamente, obtuvo el Premio Stalin con aquel concierto para violín a pesar de haber sido criticado muchas veces por haberse alejado de la ortodoxia que imponía el rígido sistema comunista.
Recuerdo que Rostropovich, en una entrevista que me dio hace como diez años, recalcaba la forma cómo había sido censurado en compañía de sus amigos Shostakovich, Prokofiev y Khatchaturian. Parece que a Stalin no le gustaba la complejidad de los llamados “modernos”. Al morir el dictador, Khatchaturian reclamó una mayor libertad de creación. Se lo criticó en su tiempo por ser inventor de temas algo comerciales, gustar excesivamente del estilo rapsódico (me refiero al uso frecuente de melodías populares con grandes despliegues armónicos), pero se podría decir lo mismo de casi todos los posrománticos.
Acabo de escuchar una grabación del concierto para piano y quedé subyugado por la melodía del movimiento lento subrayada allí por un vibráfono.
La solista de la noche Olga Khudoblyak tuvo una muy lúcida actuación, sonido depurado, digitación precisa, sentimiento interpretativo, sobre todo, en el andante sostenuto.
La orquesta mostró homogeneidad, entusiasmo. Despertó en realidad cuando tocó el vals de la suite Mascarada, del mismo Khatchaturian, de la que existe una brillante versión para piano y orquesta. Se siente la proximidad de Shostakovich compositor de una pintoresca suite para orquesta de jazz usada en la película Eyes wide shut con Nicole Kidman y Tom Cruise, cierto espíritu conservador pero un extraordinario talento en la orquestación, a pesar de que nunca llegó a aceptar el dodecafonismo y otras tendencias consideradas en aquel entonces como de vanguardia. En la Sinfonía Nº 25, de Mozart, notamos a la orquesta algo apagada, sin mayor brío. El compositor austriaco tenía 17 años cuando compuso esta obra y será a los 29 años que tocará el Concierto para piano Nº 21. A los 32 años presentará la más famosa de todas las sinfonías: la número cuarenta.
Davit Harutyunyan se identificó mucho más con el máximo representante del sentimiento de Armenia, la orquesta también. Una velada hermosa, una presentación muy notable de Khudoblyak. Harutyunyan marca a la orquesta con su muy positivo sello.