- AGO. 06, 2008 - Foto - Internacionales - EL UNIVERSO
Nobel de Literatura.
Bajo una lluvia intensa, miles de rusos rindieron ayer homenaje a Alexander Solzhenitsyn en el velatorio del Premio Nobel de Literatura, disidente de la era estalinista y patriota, que recibió honores de héroe.
Una guardia de honor militar rodeó el ataúd abierto de Solzhenitsyn en un salón de la Academia de Ciencias rusa, mientras los asistentes pasaron lentamente y depositaron flores a sus pies.
La esposa de Solzhenitsyn, Natalia, intentando contener las lágrimas, se encontraba junto al ataúd con sus hijos y nietos. Vladimir Putin, ahora primer ministro después de ocho años en la presidencia, pasó para expresar sus condolencias. Más tarde, pidió que se incorporaran las obras de Solzhenitsyn en los programas escolares.
“Junto con la nación, él vivió la gran tragedia de las represiones”, dijo Putin. “Pero no solo sobrevivió, sino que... con sus obras y su vida misma vacunó a nuestra sociedad contra la tiranía en todas sus formas”, dijo.
Solzhenitsyn –quien murió en Moscú el domingo a los 89 años por un mal cardíaco crónico– fue enterrado en el monasterio Donskoi, de Moscú.
La mayoría de los asistentes al funeral eran personas mayores de 50 años, rusos que leyeron los libros de Solzhenitsyn en los años 60 y 70.
La trilogía El archipiélago Gulag, sobre los campos de concentración stalinistas, publicada en los 70, escandalizó a la élite soviética y dio aliento a una generación de disidentes dentro de la Unión Soviética.
La reacción ante su muerte entre la población general fue más bien discreta. El autor, que vivió durante 20 años en países occidentales tras su expulsión de la Unión Soviética en 1974, gozaba de escasa simpatía entre los que tienen buenos recuerdos de la era comunista.