Bandas estadounidenses participaron en un show benéfico en la plataforma del MAAC. El lugar contó con cerca de 1.500 personas.
El Tercer Festival de Jazz de Nueva Orleans en Guayaquil, realizado la noche del pasado sábado, fue un éxito artístico de gran convocatoria, particularmente porque reunió a gente adulta de aquel término denominado por la Presidencia como “pelucona”.
Con la presencia de su mentalizadora Joyce Higgins de Ginatta y en el espectacular escenario de la explanada del MAAC la Orquesta Sinfónica Infanto-Juvenil del Guasmo, de la fundación Huancavilca, inició el concierto con un mosaico de jazz tradicional y standards de música nacional como Nuestro juramento, sobresaliendo el violín y la guitarra.
Coolbone Brass Band, la típica banda de jazz tradicional de Nueva Orleans que toca en matrimonios, entierros y desfiles, mostró esa forma de tocar marchando desde el fondo hasta el escenario, contagiando de alegría al público con sus dos tambores, trompeta, dos trombones, saxo alto y la inefable tuba. Algo así como las funciones que cumplen nuestras queridas chicheras.
A la hora de su presentación, Steven Johnson, pariente del desaparecido Satchmo, el mítico Louis Armstrong, cantó All of me y Misty, grandes tonadas del jazz clásico vocalizando como su ilustre antepasado, quien patentó ese gruñido rítmico tan distintivo.
Con un trombón sobresaliente ejecutaron un estilo de jazz primario, básicamente Honky-Tonk. Es decir, Coolbone Brass Band fue la única de las tres bandas que tocó música típica de Nueva Orleans.
Dwayne Dopsie and the Zydeco Hell Raisers hicieron música representativa del suroeste del estado de Louisiana, de lugares como Lafayette, Lake Charles y New Iberia, con gran influencia Cajun, mezcla de indígenas y franceses.
Con instrumentistas exóticos como aquel que, como un güiro humano, se rasqueteaba a sí mismo el dashboard (una plancha para lavar) que colgaba de su cuello y con guitarra eléctrica, batería y bajo, salió Wayne Dopsie al escenario para mostrar que es un virtuoso tocando un extraño acordeón sonando a una centelleante guitarra eléctrica y levantando de sus asientos al público más joven para bailar con una música de ritmo muy rápido y atropellado.
Las chicas de E-jazz fueron invitadas a subir al escenario para tocar y, como conscientes del momento, estuvieron lanzadas y atrevidas. El público cada vez las conoce y las aplaude más. Pero fue Ezra Charles and the Works quien dio una cátedra de profesionalismo pocas veces visto en este medio.
Sin pausa, con Charles, haciendo las veces del bajo con la mano izquierda y la melodía con la derecha en teclados, a manera de un Jerry Lee Lewis, ofrecieron un recital deslumbrante.
Apoyados con trombón y trompeta de una blanca y una negra guitarra eléctrica, batería y un negro tocando saxo tenor, repasaron Boogie-Woogie, rock and roll y blues en una mezcla ultra-profesional que proviene, en gran medida, de los veinte años que llevan arriba del escenario. La exactitud y la belleza en la ejecución no sorprende, ya que Ezra Charles tocaba en su adolescencia con Johnny y Édgar Winter, dos gigantes de fama universal en blues y rock and roll.