Rodeados por la amorosa presencia de Dios sabemos que todo está bien.
Orar por otros
Mis momentos de oración son momentos apreciados en los que siento profundamente la presencia de Dios. Esta presencia llega a aquellos en quienes pienso y por quienes oro como un cálido abrazo.
Al mantener a otros en oración, los visualizo más conscientes de la amorosa presencia de Dios. Hago a un lado toda preocupación y tengo fe en que ellos disfrutan de renovado vigor, relaciones personales significativas, provisión abundante y paz interior. Confío en Dios
para la satisfacción de sus esperanzas y sueños.
La conexión que comparto con Dios y con aquellos por quienes oro se fortalece con cada fervoroso pensamiento de amor.
–2 Tesalonicenses 1:11
“Por esta razón también oramos siempre por vosotros, para que nuestro Dios os tenga por dignos de su llamamiento y cumpla todo propósito de
bondad y toda obra de fe con su poder”.