El establecimiento cumplió sus 50 años de servicios a los visitantes en el centro de Guayaquil.
Mientras organiza un bulto de sábanas blancas para meterlas en una lavadora, Petita Mujica, de 61 años, relata cómo llegó a su primer y único trabajo en el hotel Palace.
Hace 32 años, la esposa de Vittorio Miraglia Papa, quien creó el hotel en 1958, la recomendó para laborar en la lavandería del hotel que funcionaba en P. Icaza y García Avilés. Allí junto con sus tres compañeras laboraron 14 años y luego pasaron a Chile 214 y Luque, donde funciona el hotel actualmente.
Mujica reparte sus labores con Mercedes Crespo, María Peñaherrera y Alejandrina Rivas, en el sexto piso del hotel que celebró sus 50 años el 30 de julio último.
Todas ellas han sacado sus familias adelante gracias a su trabajo. A Mujica le tocó ser padre y madre de tres hijos que ahora son profesionales. Cada una lidera una actividad.
“El rodillo es como su esposo”, dice Crespo refiriéndose al lugar donde Mujica plancha las 60 o 70 sábanas que se usan diariamente. “Cuando el hotel está repleto, esa cantidad sube a 200”, añade Petita.
Peñaherrera se encarga del planchado y lavado de ropa de los huéspedes, y de los uniformes del personal del hotel que lo constituyen unas 50 personas, según Vittorio Miraglia Orabona, gerente general.
Rivas deja sus labores de lavandería los días martes para dedicarse a cambiar las rosas de los floreros de la recepción, del lobby y de los pasillos del establecimiento.
Crespo, en cambio, se encarga de arreglar los imprevistos de costura de los huéspedes.
El Palace vivió la transformación del centro de Guayaquil que pasó de ser una ciudad de tránsito por temas de negocios a una turística, dice Miraglia.
“Había un tipo que vendía cuchillos en la esquina y los arrimaba hacia el hotel” , recuerda el empresario, de la época en que predominaban los vendedores informales. No daban ganas de invertir, añade, pero luego de la regeneración urbana esa idea cambió.
En el 2004 se inició la modernización piso por piso. Se empezó en la quinta planta, donde antiguamente funcionaba el restaurante, que ahora está en la planta baja.
Pasó de tener 76 habitaciones con televisor de perillas y decoración antigua a 95 con conexión de internet, teléfono y secador de pelo en el baño, camas de 2 y 3 plazas, etcétera.
En este hotel que nació en 1958 como el más lujoso de Guayaquil, se invirtió para que tenga habitaciones cinco estrellas, que a diferencia de los grandes hoteles, ofrece a sus huéspedes un ambiente acogedor, según su gerente.
Las señoras de la lavandería también vivieron esos cambios, con la renovación de las máquinas lavadoras que ahora tienen mayor capacidad y un secado más rápido.
Mujica afirma que en esta empresa familiar, cuya administración pasó de padre a hijo, todos se conocen y se preocupan porque el turista se sienta cómodo para que no dude en regresar a Guayaquil.
Servicios
El hotel ofrece hospedaje, restaurante, una sala de ejercicios para los huéspedes y un salón de eventos para conferencias o ceremonias, en la terraza del edificio.
Turismo
Está ubicado en Chile y Luque, lo que permite a los turistas conocer el centro de Guayaquil a pie. Desde el Malecón hacia el cerro Santa Ana, al Palacio de Cristal o a la Catedral.
Paseo y comida
Los guayaquileños visitan el restaurante donde degustan de su famosa limonada de coco, churrasco, seco de pollo y comida internacional.
Anécdota
En años anteriores, los turistas eran atraídos por una telefonista que trabajó en el hotel y tenía una dulce voz. Cuando llegaban al hotel buscaban conocer a la mujer de 70 años que hacía sus reservaciones.