La separación matrimonial y el divorcio
El divorcio y la separación son una realidad actual, cuya frecuencia aumenta cada día. Se estima que de cada dos matrimonios, uno termina en divorcio, generando reacciones diversas en todo el sistema familiar.
La decisión de divorciarse no aparece de pronto, lo primero que se presenta en la pareja es la pérdida del interés en el espacio afectivo necesario para desarrollarse, en ese espacio entran la comunicación, la expresión de los afectos, las afinidades, las relaciones con las familias de origen, la vida sexual se resquebraja, entre otras cosas. Esto genera en los cónyuges y en la vida familiar un ambiente destructivo. A continuación compartiré con ustedes las cuatro etapas finales que indican la muerte de la relación:
1. Los problemas conyugales son vistos como severos.
2. Hablar resulta inútil, cada uno trata de resolver sus problemas por su cuenta.
3. Empiezan a vivir vidas paralelas.
4. Aparece la soledad.
El momento en que se acepta la inhabilidad para resolver los problemas y para continuar con la relación, suele ser el final de un estado crónico de la vida conyugal que finalmente se hace presente. Es común que a pesar de esto la pareja evite el desenlace o lo demore; sin embargo, el deterioro emocional es evidente.
Por lo tanto es necesario si se decide poner fin al matrimonio hacerlo de una manera equilibrada y sin egoísmos, para que la familia sea capaz de mantener lazos de armonía perdurables.
“No es el divorcio en sí mismo el que determina las alteraciones en los hijos sino ciertas actitudes que frecuentemente acompañan la ruptura de la familia”.
Fuente: Mgs. Sonnia Navas Gafter, psicóloga clínica-magíster en Terapia Familiar Sistémica.
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