- AGO. 03, 2008 - Foto - Religiosa y Obituarios - EL UNIVERSO
¿Qué le costó al Señor multiplicar –como nos cuenta hoy el Evangelio que cierta tarde hizo– los cinco panes y dos peces disponibles, para que se cansaran de comer miles de hambrientos, sin contar las mujeres y los niños? Es evidente que nada le costó porque es omnipotente.
Sin embargo, sin pedir la colaboración de los beneficiarios, no realizó el milagro: hubieron de entregarle los panes y los peces que tenían, tuvieron que sentarse sobre el heno y se vieron obligados a esperar su turno.
Solo poniendo estas pequeñas cosas de su parte, la Omnipotencia Divina pudo hacer que la imponente turba se saciara. Y con eso nos mostró lo que sucede siempre: que cuando hacemos lo que Dios nos pide, Él hace maravillas.
En estos fuertes días de ilusiones y desilusiones constitucionales, usted y yo debemos permitirle a Dios, haciendo lo que nos exige, que pueda desplegar su Omnipotencia, y llene con su luz y su poder las mentes y los corazones de los ciudadanos.
A usted y a mí, y a todos, nos pide Dios que hagamos oración. De modo que a la hora de expresar nuestro querer sobre lo que será la nervadura de la nueva Patria, votemos en conciencia y con responsabilidad.
La luz que han encendido los obispos no equivale a una campaña por el No. Pero nos pone en guardia sobre lo que tiene la Constitución de incompatible con el Evangelio.
Nos avisa de que tiene, a pesar de su interés por la persona, inconsecuencias sobre asuntos capitales: sobre el aborto, la familia, la educación y la libertad religiosa. Y con esta lucecita roja parpadeando, consciente del peligro, debo acudir a Dios.
Por eso me he compuesto una oración, que dice lo siguiente: “Señor Dios, Padre Omnipotente: acudiendo a la intercesión de la Santísima Virgen María y de todos los santos ecuatorianos, te ruego me concedas que nuestra amada Patria no llegue a tener una Constitución en la cual, además de no reconocerse claramente el derecho a la vida desde la concepción, se atente contra la familia, se contradiga el derecho de los padres a la educación de los hijos y se restrinja la libertad religiosa. Te lo pido por Jesucristo, nuestro Señor. Amén”.
Se la transcribo porque a usted puede ayudarle –como me ayuda a mí– a hacer lo que el Señor nos pide en estos días. Ya verá cómo poniendo nuestros panes y pescados, el Señor nos mostrará su Omnipotencia.