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Comercian con talento futbolístico

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Tarcisio Mariz es el cazatalentos de una empresa que compra contratos. Alexandre Pato fue fichado por el Milán.
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Agosto 03, 2008

Por ANDREW DOWNIE | SÃO PAULO, Brasil

Sentados en su oficina en São Paulo, hace poco, varios compañeros de trabajo analizaban los partidos de futbol del fin de semana y escogían a sus jugadores favoritos.

Uno de ellos siente inclinación por un talentoso zaguero. Otro tenía el ojo puesto en un jugador que anotaba regularmente con uno de los mejores equipos de segunda división. El jefe se mostraba interesado en fichar a un defensor adolescente cuyo contrato estaba a punto de expirar.

La oficina en cuestión es la de Traffic, empresa brasileña que encabeza una ola de inversión nueva y controvertida en el futbol brasileño.

Armados con 20 millones de reales en capital propio (unos 12 millones de dólares), además de otros 20 millones que esperan obtener de inversionistas, Traffic compra los contratos de jóvenes futbolistas de todo Brasil. La empresa entonces presta los jugadores a equipos que les pagan un sueldo y les permiten lucir sus talentos. Si acaso son reclutados por un equipo europeo importante, Traffic y sus socios se embolsan la parte más significativa del monto del traspaso. (El jugador, como siempre, recibe cualquier bono por firmar y un sueldo a menudo cuantioso).

“En lugar de invertir en la Bolsa o en bienes raíces, estas personas invierten en la compra de los derechos económicos correspondientes a futbolistas”, expresó Julio Mariz, presidente de Traffic.

Los tratos son cuestionables: el organismo rector del futbol internacional prohibió la participación de terceros en traspasos. Pero sin inversión exterior, muchos equipos brasileños fracasarían desde el punto de vista financiero.

En el último año han surgido fondos como Traffic, y algunas grandes compañías brasileñas —entre ellas algunas cadenas de supermercados — hoy crean departamentos de futbol para invertir en jugadores que, esperan, incitarán algún día a los clubes europeos a sacar su chequera.

“Hemos invertido 10 millones de dólares al año, pero esa cifra crece rápidamente porque existe la perspectiva de elevadas ganancias”, explicó Thiago Ferro, socio del departamento de inversión futbolera de la cadena de supermercados Grupo Sonda. “Ofrecemos rendimientos anuales del 150%”.

Los clubes de futbol solían ser dueños de los derechos económicos de un jugador que estuviera bajo contrato con el equipo. Si acaso otro equipo quería firmarlo, tenía que pagarle a su club de procedencia un monto por su traspaso, además de llegar a un acuerdo con el jugador.

En los últimos años, la práctica de la agencia libre se ha arraigado. Y si bien los contratos de los jugadores aún pertenecen a los equipos, como lo estipulan los reglamentos internacionales, los inversionistas se involucran cada vez más.

Los equipos brasileños acogen el nuevo modelo de inversión porque permite que los clubes recauden fondos sin tener que canjear a sus jugadores tan rápida o frecuentemente. Y cuando, inevitablemente, terminan por ceder a estos jugadores, las enormes cantidades obtenidas, hasta 50 millones de dólares, garantizan la supervivencia del equipo.

“Si queremos un equipo decente, necesitamos ayuda financiera”, indicó Carlos Augusto Montenegro, vicepresidente de futbol en Botafogo, equipo de Río de Janeiro que cuenta por lo menos con seis jugadores prestados por fondos o inversionistas individuales.

De acuerdo con reportes, el Bayern Munich desembolsó el año pasado 19 millones de dólares por Breno, defensor de 18 años que había jugado tan sólo 22 partidos con el São Paulo. La escuadra italiana A.C. Milán pagó una cantidad similar por los servicios de Alexandre Pato, delantero de 17 años del Internacional, de Porto Alegre.

Las poderosas ligas de Inglaterra, Alemania, Italia y España no son los únicos que buscan a brasileños.

El año pasado, 1.085 futbolistas fueron transferidos a lugares tan diversos como Vietnam, Qatar y las Islas Feroe, de acuerdo con la Confederación Brasileña de Futbol.

Existen desventajas potenciales.

Los inversionistas podrían vender a un jugador en cuanto su valor se incremente, privando al equipo de una figura clave. En caso de que los fondos controlen a jugadores de equipos opuestos, existe un aparente conflicto de interés. Y numerosos seguidores temen que individuos sin apego emocional por un equipo puedan ejercer un control excesivo.

“Hay individuos irresponsables que sólo buscan ganancias a corto plazo”, expresó Leo Rabello, presidente de la Asociación Brasileña de Agentes de Futbol. “Pero si se hace correctamente, modificará el rostro del futbol. La inversión fluirá a Brasil”.


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