Durante décadas, Komsomolskaya Pravda publicó un aburrido artículo tras otro sobre reuniones entre funcionarios soviéticos. Hoy, reinventado como un tabloide, el periódico tiene una agenda más amarillista y lectores a raudales.
El artículo más leído del rotativo, hace poco, fue el altercado verbal entre una famosa conductora de radio y Ksenia Sobchak, modelo y estrella de la televisión de realidad.
En las oficinas del periódico, en Moscú, un corresponsal estrella pulía un reporte lleno de intriga sobre la muerte de una supermodelo kazaja quien saltó, o así lo afirmó la Policía, desde el balcón de su departamento, en la zona de Lower Manhattan, el mes pasado. Al director editorial no le convencía del todo la foto de la modelo en su apogeo: ¿no había una en la que enseñara un poco más de pierna?
El rotativo es parte de una animada cultura de los tabloides que ilustra la naturaleza compleja de la vida rusa bajo Putin. Parece que, siempre y cuando no amenacen al Kremlin o a sus amigos, los periódicos rusos pueden ser tan amarillistas como deseen.
Para publicaciones como Komsomolskaya Pravda, que vende más ejemplares que cualquier otro periódico ruso, el retroceso en materia de libertad de prensa del país, en gran medida, es irrelevante.
Su periodismo de investigación se inclina por las notas reveladoras sobre trabajo policiaco incompetente, funcionarios de bajo nivel corruptos y estaciones de tren sucias, problemas cotidianos que les importan a los rusos. Su típico menú de artículos sensacionalistas, notas de entretenimiento y “noticias de utilidad para el lector” representan una especie de normalización en un país que, durante años, fue demasiado pobre como para desarrollar una cultura del consumidor y estaba demasiado absorto en la agitación política como para ocuparse de chismes de los famosos.
Fundado en 1925 como el órgano del Komsomol, movimiento juvenil del Partido Comunista, lo único que Komsomolskaya Pravda conserva del pasado soviético es su nombre. Ahora, ofrece temas cotidianos que no estarían fuera de lugar en los tabloides de Nueva York o Londres.
Su competidor más temido, Moskovskie Komsomolets, es otro ex órgano comunista que ahora se especializa en informes de nota roja.
Los editores de estas publicaciones y sus similares han decidido que la sociedad rusa está harta de la política y ha vuelto su atención a temas más mundanos.
Algunos periodistas investigadores aún confrontan al Kremlin, pero su labor es peligrosa —varios, como Anna Politkovskaya, han muerto bajo circunstancias misteriosas.
Además, sus publicaciones tienen bajas ventas, comparadas con los tabloides. Esto ha generado algo de resentimiento contra los tabloides.
“Komsomolskaya Pravda no está relacionado en lo más mínimo con la libertad de prensa”, señaló Aleksei K. Simonov, fundador de la Fundación para la Defensa de la Glasnost, organización con sede en Moscú que monitorea la libertad de prensa.
Dijo que los tabloides podrán ser divertidos, pero que, al igual que la obsesión por las celebridades en otros países, distrae a los lectores de problemáticas fundamentales, como la falta de una oposición política efectiva o los persistentes problemas sociales del país.
Vladimir Sungorkin, director editorial y general del Komsomolskaya Pravda, indica que las cifras de circulación apoyan su estrategia.
“Si cubrimos la alta cultura, la gente se aleja corriendo”, aseguró. “Vamos a rehuir a Leo Tolstoy”.