Domingo 03 de agosto del 2008 Sucesos

‘Mi vida se destruyó cuando quise pedir ayuda en la Metrovía’

TERESA MARCHÁN LUNA

http://src.eluniverso.com/2008/08/03/0001/10/files/metro103-08-082500.jpg

Cada vez que Julia, de 22 años, ve a un guardia o un bus de la Metrovía recuerda la violación que asegura haber sufrido en abril pasado, en el paradero de La Atarazana de ese sistema.

La joven que acusó de abuso sexual a  un guardia  vive un drama tras la agresión.

Julia (nombre protegido) adora trabajar con niños, es lo que más disfruta, lo que siempre quiso hacer; por ello le dedicó 6 de sus 22 años a ser maestra.

Sin embargo, el 23 de abril pasado decidió renunciar a su sueño, pues no podía disimular ante sus alumnos todo el dolor, la vergüenza, el infierno que vivía dentro por la agresión que, relata, sufrió  la noche anterior.

Esa noche Julia fue drogada por dos asaltantes, por lo que fue a buscar ayuda al paradero de la Metrovía de La Atarazana, pero lo que ahí encontró, dice, fue la destrucción de su vida.

Según su denuncia presentada en la Fiscalía, ella fue violada por el guardia de esa estación, Carlos Byron Figueroa Chilán, de 22 años. El sujeto fue detenido ese día y hace dos semanas la agente del Ministerio Público Alexandra Castro lo acusó como autor del delito en su dictamen fiscal.

En la versión de Julia, que está en el expediente Nº 291-08 en el juzgado 9º de lo Penal del Guayas, a las 20:00 del 22 de abril pasado, ella salió de su universidad (en el norte) y caminó hasta el Cementerio General para tomar un bus e ir a su vivienda, en Durán. Sin embargo, cuando iba cerca del Departamento de Malaria, dos delincuentes la tomaron por los brazos y le quitaron el bolso.

“Me sentí mareada, pero seguí caminando porque quería ir a mi casa, pensaba  que no podía morir y dejar sola a mi hija porque soy madre soltera”, cuenta. El examen toxicológico que se le practicó reveló que su estado de semiinconsciencia  fue producido porque fue drogada con espocolamina.

La joven recuerda que caminó hasta la Universidad Laica y luego a la av. Pedro Menéndez Gilbert, donde está la estación de la Metrovía (de La Atarazana),  a la cual se dirigió para pedir ayuda e ir  hacia Durán.
Cuando llegó al paradero ya eran las  23:40 y el servicio había dejado de funcionar. En el lugar solo estaban dos guardias de la compañía Arseg: Carlos Figueroa y Patricia del Pilar Rubio Gurumendi; quienes –asegura– la dejaron pasar y la sentaron en un banco para que descanse.

“Yo les pedía a los guardias que me cogieran un taxi, que llamaran a mi casa. Les dije que llamen al 102 que no les cobran, pero no lo hicieron”, comenta Julia, quien minutos después fue llevada al baño de varones por el custodio. Lo último que la víctima recuerda es que Figueroa le tendió una chompa en el piso en la que se durmió. “Cuando desperté, el guardia estaba sobre mí zangoloteándome. Era como esas pesadillas en que uno trata de moverse o gritar, pero tiene adormecido el cuerpo”, afirma Julia, con una expresión de rabia y asco.

Indica que el custodio la ultrajó por tres ocasiones, hasta que la otra guardia abrió la puerta del baño y los iluminó con una linterna: la afectada  estaba desnuda en el piso y su presunto agresor estaba arreglándose la ropa. “Yo le dije (a Patricia Rubio) ayúdame, tu compañero me violó, pero ella ordenó que me saque de ahí, que no quería problemas”, acota.

La víctima indica que comenzó a vomitar y, sintiéndose más aliviada, gritó que la habían violado hasta que apareció un patrullero policial. Tras denunciar el hecho a los agentes, estos detuvieron a Carlos Figueroa.

Otra implicada
El acusado está  en la Penitenciaría del Litoral, desde donde defiende su inocencia. Afirma que su intención fue ayudar a Julia llevándola al baño de varones (el de las mujeres estaba con seguro, dice) para que descanse hasta las 05:00 del siguiente día y pueda tomar un bus de la Metrovía e ir a la estación de la Base Naval, por donde pasan los micros hacia Durán. Señala que en el baño la víctima comenzó a vomitar y le dijo que quería bañarse.

“Yo le saqué la blusa y me retiré para que ella se termine de desvestir, pero al regresar, la señorita ya estaba en el piso caída y con el pantalón en los pies”, cuenta. Agrega que le acomodó el pantalón, la sacó del baño y pidió ayuda a su compañera para coger un taxi que llevara a la víctima a su vivienda.

No obstante,  en sus declaraciones, la guardia indica que  fue al baño y vio a la joven que se estaba vistiendo. Según ella, Carlos Figueroa y Julia permanecieron una hora y media en el baño, pero –asegura– en ese tiempo ella no se percató de la supuesta violación, pues estaba vigilando a un hombre parado frente a la Metrovía.

 La fiscal Alexandra Castro señala que no se halló indicios de responsabilidad por parte de la custodio, pero el abogado de la afectada, Franklin Moreno, sostiene que ella sí es culpable,  por lo que solicitó la extensión de la instrucción fiscal en su contra. “Ella no informó a sus superiores ni a la Policía de lo que pasaba, permitió que la llevaran al baño de varones; su silencio es un consentimiento tácito del delito”, afirma. Explica que Figueroa puede recibir de 12 a 16 años de cárcel, pero si es que la fiscal imputa a la guardia, esta sanción podría aumentar a 20 años, según el art. 515 del Código Penal, el cual indica que si el acusado fue auxiliado por otras personas para cometer el delito, la pena sube 4 años.

“Yo era una mujer fuerte, alegre, pero después de ser violada perdí mi trabajo, mis estudios. Me siento fracasada, truncada y por eso quiero el máximo castigo para ese tipo”, exige.

Sin determinarse
En el examen ginecológico practicado a la víctima se halló presencia de espermatozoides; sin embargo, no se ha realizado el examen de ADN para determinar si estos pertenecen al acusado.

No hay equipos
Ni el Ministerio Público ni la Policía cuentan con equipos de análisis de ADN, por lo que, según fiscales del Guayas, más del 90% de los juicios por violación se basan solo en los testimonios de los implicados. En los casos en que sí se ha hecho este estudio es porque el afectado pagó el examen, cuyo costo es de $ 600 y se lo hace en entidades privadas: la  Cruz Roja o Universidad Católica.

Sucesos

Diseño

© Copyright 2009. Compañia Anónima EL UNIVERSO. Todos los derechos reservados.