El Gobierno a través de la Subsecretaría de Acuacultura anuncia ambicioso plan.
“Los países más importantes del mundo destinan tiempo y dinero para investigar cuáles de los peces comunes que hay en sus propias vertientes tendrán un buen crecimiento en las piscinas”, difunde Pedro Santos, en su manual práctico sobre el Cultivo de peces, en cautiverio, que compramos por $ 2 en la sala de espera nacional del aeropuerto de Quito y publicado con el apoyo del Banco del Pacífico.
En las políticas estratégicas del Gobierno, la piscicultura para el desarrollo del Oriente ecuatoriano es pieza fundamental y por eso el proyecto Acuacultura Rural que adelanta la Subsecretaría del ramo, consigna soporte técnico, capacitación, apertura y otorgamiento de créditos especiales de 2.000 hasta $ 8.000 a pequeños piscicultores, estudio de especies nativas, construcción de dos plantas procesadoras en Lago Agrio y Tena, un laboratorio de investigación y reproducción de alevinos (hatcheryn), entre otras tácticas para fomentar el cultivo de peces y repoblar su población natural en los ríos que bañan el frágil ecosistema amazónico ecuatoriano.
Para cumplir estas metas a corto plazo, reveló el subsecretario de Acuacultura, Guido Coppiano, han firmado convenios con los gobiernos seccionales, reunidos con empacadoras del Litoral para que compren el pescado fresco y refrigerado proveniente de Sucumbíos, Napo, Orellana, Pastaza y Morona Santiago.
Coppiano señaló que coordinaron con el Banco Nacional de Fomento y la Corporación Financiera Nacional la apertura de una línea de crédito para la construcción y rehabilitación de piscinas, montaje de infraestructura para la comercialización interna y externa, a través de las organizaciones acuícolas legalmente constituidas.
De las seis provincias amazónicas, Sucumbíos es la más adelantada con unos 940 piscicultores censados y en proceso de regulación ante la Subsecretaría. Anualmente se estima que 1.500 toneladas de pescado se cosechan en este sector, generando ingresos de unos 400 mil dólares mensuales.
“Aquí la actividad la comenzamos dos de los colonos a quienes el régimen de Velasco Ibarra trajo a esta región limítrofe con Colombia en 1970, con la promesa de darnos desde un tractor hasta una aguja”, describe el calcetense Homero Zambrano, quien inducido por la televisión colombiana, quiso montar su granja integral y en una fiesta de carnaval pasó la frontera y decidió cultivar peces cuando le sirvieron carne de cachama de un pez que pesaba unas 25 libras. Regresó a su finca con 50 pececitos en una tina, los mantuvo en la casa bajo un chorrito de agua, alimentándolos con comején y guayaba.
Al paso del tiempo (quince años), hoy cuenta con un policultivo de 35 mil tilapias, 50 mil cachamas y 15 mil sábalos en 5 hectáreas de espejo de agua de las 53 que posee a pocos kilómetro de Lago Agrio, vía a San Miguel. Siempre ha vendido la producción a los intermediarios que antes de la dolarización llevaban a Colombia. “Si me suben $ 0,10 por libra al consumidor le aumentan $ 0,25. Los disparados costos de producción por la subida del balanceado solo dejan para vivir”, acentúo Homero al describir su situación actual.
Historia
El cultivo de peces en piscinas es una costumbre que se remonta a carpas reproducidas en cautiverio desde el 2698 antes de Cristo.
Impacto ambiental
La piscicultura, por la fragilidad del suelo y calidad del agua amazónica, es la actividad más aprovechable en producción de carne sana por costos y mínimo impacto al ecosistema.