sábado 02 de agosto del 2008 Columnistas

Para decidir

El taxista quiere conversar. El tema que le preocupa es el próximo referéndum. Me dice que no sabe si votará Sí o  votará No, porque le cae muy bien el presidente Correa, pero también le cae muy bien el alcalde Nebot. Le digo que eso no tiene que ver porque no debemos relacionar la Constitución con personas, puesto que debería ser duradera y organizar la vida política del país por mucho tiempo, incluso cuando Correa y Nebot ya no estén en el panorama político. Replica que no debe ser así cuando el uno está por el Sí y el otro por el No y que lo que lo confunde es que él cree que los dos hacen bien su trabajo y no entiende entonces por qué no se ponen de acuerdo, pero que sea como sea él votará por Nebot para alcalde siempre que sea candidato y que le gusta Correa, pero que como tiene poco tiempo aún lo está observando y que por eso no sabe si votará Sí o No.

Lo que antecede es solo una anécdota que ilustra uno de los riesgos del referendo, que además es alimentado de un lado y de otro porque no se invita a la gente a leer con detenimiento el texto constitucional, sino que más bien se le pide que haga un acto de fe y crea lo que se les dice.

Admitamos, eso sí, que la lectura de la Constitución no es fácil, no solo por su extensión sino también por su estilo y porque para entender plenamente un tema, muchas veces no es suficiente leer un artículo sino que  hay que buscar las concordancias y correspondencias con otros. O hay que buscar lo que está “previsto en la Constitución”, que se menciona más de una vez o saber que cuando dice “lo previsto en la ley”, se refiere a una ley, que probablemente todavía no existe todavía, porque habrá que elaborarla en concordancia con el texto constitucional y que eso significa que no sabemos claramente el alcance que se le dará a la disposición que podamos aprobar o negar.

Sin embargo, no hay alternativa, la única posibilidad de ejercer ciudadanía responsablemente es leyendo el texto, preguntando a alguien  que sepa más que nosotros del tema que nos interesa, conversando con otros para ayudarnos a desentrañar el sentido de algunas disposiciones, contrastando lo que entendemos con  nuestros principios, con nuestros valores, con nuestra idea de lo que debe ser el Estado y el papel que en él deben desempeñar las distintas funciones y quienes las ejercen.

Debemos tener claro que una Constitución no se la juzga por la forma en que responde a nuestros intereses individuales sino por lo que se relaciona con el bien común y que no es para hoy, para un gobierno o para un presidente determinado, es para regir la vida del país, ojalá por largo tiempo, cualquiera que sea la persona o las personas que asuman la tarea de gobernar.

Quizás lo mejor sea no escuchar la propaganda de uno u otro lado, ni a los actores políticos actuales, sino enfrentarse con el texto, buscar ayuda para entenderlo si la necesitamos y tomar allí sí, una decisión libre y, para usar el término de estos días, soberana.
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