Viernes 01 de agosto del 2008 Cine

Evomanía, el camino al sillón presidencial

torffeqt@gmail.com | Por Torffe Quintero Touma

Crítica

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Cocalero es el único filme de Alejandro Landes, el cual tiene imágenes reales del presidente Evo Morales (foto) en campaña.

Cámara en mano, sonido directo y sin voz en  off, Cocalero es una película  cinematográficamente  muy difícil de analizar. Por un lado se puede decir que no es cine por su formato documental, pero  por otro lado alguien encontrará relación con el neorrealismo italiano o la nouvelle vague.

El joven director brasileño de madre colombiana y padre ecuatoriano,  Alejando Landes, sigue a Evo Morales por los diferentes actos electorales que hizo durante la campaña del 2005 que lo llevó a la presidencia de Bolivia.

La propuesta de Landes  carece de ambición pero partiendo del hecho de que todo producto cinematográfico nace de una edición y por tanto una intención; diría que la de Landes pretende ponerse en los zapatos de un hombre que se nos presenta como cualquiera pero que no es común: es  un indio aymara, abanderado del socialismo  y que además coloca la lucha contra la erradicación de la coca como su principal pilar.

Algo más que un documental clásico, donde los actos políticos, la intimidad con los compañeros de Evo, sus enfrentamientos con la derecha, con los militares y  sus exposiciones mediáticas, enarbolan un discurso alejado de los de las tarimas. La llegada al poder de un cocalero, fuera del  stablishment  tradicional aristocrático boliviano y el fenómeno popular que significó para ese pueblo lograrlo.

Cierto es que la visión no es nada objetiva ni ecléctica. Pero aun dentro de la mirada profundamente parcializada del director se  encuentra una observación a lo humano. Con largos silencios y diálogos interesantes en boca de la candidata sindicalista a senadora suplente Leonilda Zurita. Landes consigue un documento con autenticidad. Apropiada fotografía y banda sonora, excelente el recurso de mostrar en el centro del panorama la vida y  el raciocinio del pueblo aymara.

El espectador, sin embargo, no debe esperar un producto fílmico que garantice su excelencia más allá de convertirse en un registro parcializado de un momento específico de la historia boliviana. Con esa mirada la satisfacción es posible. Desde su estreno en el Festival de Sundance (enero del 2007),  Cocalero ha recorrido mucho camino. Un camino distinto al que transita la mayoría de filmes, que pasó casi desapercibida durante los estrenos comerciales de varios países pero que, en silencio, fue construyendo buenas críticas.

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