viernes 01 de agosto del 2008 Columnistas

Doña Natura

En estos tiempos de locura que vivimos en el Ecuador, en los que el rojo es verde y el negro es blanco, en los que se reinventan definiciones, en los que la democracia responde a una nueva fórmula electoral y las instituciones tradicionales a lo largo de la historia y en todas las sociedades democráticas son cuestionadas por los revolucionarios itinerantes de las tarimas, ya nada llama la atención.

Debo confesarles, amigos lectores, que desde hace algunas semanas incluso he evitado sintonizar los noticiarios televisivos; en ellos se escucha cada insensatez de muchas voces oficiales e incluso por parte de quienes debieran orientar a la ciudadanía desde su rol de comunicadores sociales.

Pero como ciudadano responsable que pretendo ser, he iniciado la lectura y estudio del proyecto de Constitución (espurio desde su nacimiento) que ha sido entregado al Tribunal Supremo Electoral por parte de los ex plenipotenciarios.

Y he encontrado en el capítulo séptimo del libro segundo titulado Derechos de la Naturaleza, fuente de inspiración para este artículo de opinión.

Resulta que este proyecto de Constitución da vida a un nuevo personaje del folclore nacional, a la señora Naturaleza.

Sí, como en las fábulas o en las obras teatrales infantiles; doña Naturaleza o doña Natura, para hablarle con cariño.

Esta señora que me la imagino con largos cabellos tipo raíces de frondosos árboles, con un amplio vestido de un lino blanco que se mueve con la brisa de los valles y en torno a ella hojas verdes que flotan, pequeños conejitos blancos y pajaritos multicolores.

Bueno, esa es la versión occidental; porque para que no se crea que estamos discriminando a nuestros hermanos indígenas, también el texto del proyecto de  Constitución la llama Pachamama, que entiendo significa madre tierra (que no es lo mismo).

Entonces, según el proyecto de Constitución, doña Natura tiene: “…derecho a que se respete integralmente su existencia y el mantenimiento y regeneración de sus ciclos vitales, estructura, funciones y procesos evolutivos...”.

¿Qué les parece, amigos lectores? ¿Los ecuatorianos hemos gastado casi ciento cincuenta millones de dólares, según alguna nota de prensa de estos días, para que los asambleístas en idílicas reflexiones le den vida, como Gepetto a Pinocho, a doña Naturaleza, como sujeto de derechos…?

Es decir, ¿la naturaleza ahora tiene derechos?

¿Significa que si alguien violenta esos derechos, vendrá doña Natura desde sus recónditos dominios acompañada de la ira de sus entrañas a presentar una demanda ante los tribunales de justicia?

Voy a alquilar balcones para cuando ello suceda.

¿O le otorgará poder a sus abogados para que la defiendan?

Y si resulta que ahora doña Natura existe y tiene derechos, ¿cuáles son sus obligaciones?

Porque a alguien habrá que pasarle la factura por los terremotos, inundaciones o erupciones volcánicas, ¿no les parece?

No puede existir en una sociedad democrática, en la que prevalece el derecho de igualdad frente a la ley, que exista una señora con derechos pero sin obligaciones.

Esta es una primera entrega de las genialidades que estoy encontrando en el proyectillo elaborado por los integrantes del futuro congresillo.
Continuará…
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