Vengo de un silencio de meses. Y voy de inmediato, sin andarme por las ramas, directamente al tronco del problema, que es el del dogal totalitario, radicalmente estatista, que se nos ofrece, para que nosotros mismos, sin que nos demos cuenta plena de lo que se trata, apresuradamente nos lo coloquemos al cuello en el referendo “aprobatorio” del próximo mes. Dogal totalitario cuidadosamente fabricado, mimetizado y contenido, a bulto cerrado, en el proyecto de Constitución, con sus Disposiciones Transitorias y el concomitante Régimen de Transición añadido, que se nos presenta con toda la fanfarria propagandística, apabullante y fraudulenta, que proviene de los exclusivos y abusivos recursos del poder.
Dogal es, conforme a su primera acepción en el Diccionario oficial de nuestra lengua, “cuerda o soga de la cual con un nudo se forma un lazo para atar las caballerías por el cuello”. Pero cuando a quienes ignominiosamente, con desprecio de su condición y sus derechos humanos inmanentes e irrenunciables, anteriores y superiores a los del Estado, se pretende atar de esa manera, es a un pueblo mayoritariamente engañado y desprevenido, entonces cabe usar la voz dogal como hoy lo hago, como una trágica pero muy descriptiva metáfora de alerta.
Totalitario, por su parte, es adjetivo que denota lo “perteneciente o relativo al totalitarismo”. Y este sustantivo es, conforme a ese mismo Diccionario, “régimen político que ejerce fuerte intervención en todos los órdenes de la vida nacional, concentrando la totalidad de los poderes estatales en manos de un grupo o partido que no permite la actuación de otros partidos”. Tal, por ejemplo, cuando cae en manos de un “politburó” o buró político, grupo decisivo con una cabeza preponderante, dentro del partido dominante. Como ocurrió hasta por cincuenta años o más en algunos países europeos el siglo pasado, y como ocurre hasta el presente en algún país caribeño, que inspira o alienta nuevos totalitarismos del siglo XXI en Latinoamérica.
Otros casos paradigmáticos de totalitarismo, en cierta forma más semejantes al del dogal totalitario que nos acecha, porque para su implantación se usó la vía “democrática” de las aclamaciones plebiscitarias, fueron los del fascismo italiano del Duce Mussolini que proclamaba “Nada contra el Estado, nada fuera del Estado, todo dentro del Estado”. Así como el del nacionalsocialismo o nazismo alemán del Führer Hitler que ofrecía un “Nuevo Orden” soberano y reividincador, que hacía delirar a las masas. Una vez caídos dentro de las redes totalitarias, esos nobles pueblos no pudieron salir por sus propias y solas fuerzas, sino tras una guerra mundial devastadora de sus propios países.
Obviamente no sugiero que nuestro caso sea un calco de los de otros momentos y dimensiones históricas en otros pueblos. Pero todos los poderes e instituciones fundamentales del Estado, si aprobamos el proyecto de Constitución que se nos ofrece, con sus Disposiciones Transitorias y su Régimen de Transición añadido, fatalmente serán copados, desde el primer momento, por el grupo o partido único dominante. La del referendo del 28 de septiembre será nuestra única y última oportunidad de zafarnos en paz del dogal totalitario. Revisen bien esos proyectos de Constitución y Transición, a pesar del enredo y la hojarasca que se ha puesto en ellos para ocultar la verdad, y verán que no exagero un punto en lo que advierto.