La cuenta había llegado a la mesa y me pidió que la compartiéramos.. “Claro”, dije con cara de póquer, “mientras pueda”, y al mismo tiempo, dentro de mí mis demonios internos saltaban de la risa al ver mi cara de espanto. Qué tema difícil… lo cierto es que a pesar de que soy una mujer independiente --como me gusta definirme-- el tema de pagar a medias o pagar siempre una parte de nuestras salidas en común no me es para nada trivial. En ese momento todos mis modelos internos de cómo tiene que ser la relación con la pareja se tambalean y caen a pedazos.
A mí siempre me enseñaron que el proveedor era el varón, tradicionalmente el patriarca de la familia, espécimen fuerte y decidido que siempre cuidaría y protegería de nosotras. Aunque precisamente mis ejemplos de vida de niña y adolescente nada tuvieron que ver con esas enseñanzas y tradiciones, sino más bien con los libros de García Márquez y Vargas Llosa. Luego, con el pasar de los años, fui generando mi propio dinero y mi bendita independencia económica. Pero esos mandatos estaban y están escritos a fuego Sí… dentro mío se debatían y debaten profundas contradicciones, miles de fantasías, arcaicos patrones y mucha, pero mucha idealización… y me di cuenta de que todo eso es el sello de nuestro ADN latino, el que llevamos las mujeres de mi generación. Pero, ¿cómo despegarse de esa educación, de esos modelos de comportamiento vencidos, de esas normas que necesitan ser actualizadas por nuestra generación justamente?, donde el dinero es algo sobre lo cual la mujer, si lo hace ella, no habla mucho; si lo trae su pareja, en algunos casos no decide, y muchas otras, ni opina... ¿Cómo evolucionar estos roles que ya no funcionan como antes?
En fin, la sociedad ha cambiado, pero solo algunas partes… Con la llegada de la segunda ola del feminismo a fines de los años sesenta, las mujeres dejaron sus delantales y fueron al frente, trabajando a la par del hombre, fuera y dentro de la casa, asumiendo roles que antes no imaginaba, criando a sus hijos, organizando su hogar y llevando adelante cargos y puestos de todo color y tipo. Sin embargo, aún sentimos que la desigualdad en el trabajo y en la casa es enorme y no encontramos o más bien buscamos el lugar entre la complejidad de nuestra enseñanza y cultura hiperlatina y la vida que profesamos hoy.
Mientras tanto, las maneras las va encontrando cada una, aprendiendo y probando con su pareja, marido o enamorado, tratando de mantener una relación de pareja simétrica y verdadera, y perdiéndole el miedo al cambio. Si ambos ganan por igual, pues los gastos serán a medias; si uno gana más que otro, pues él o ella pagará la mayoría; si ninguno gana mucho, pues las salidas serán pocas, pero inventivas y muy creativas. Y sí, todo sea por amor.