- JUL. 30, 2008 - Foto - Cultura - EL UNIVERSO
Por primera vez la reina Isabel II permite que el pueblo británico recorra las instalaciones del salón de baile de la residencia real.
Desde ayer y hasta el próximo 29 de septiembre el pueblo británico tiene la oportunidad de conocer el salón de baile del palacio real de Buckingham, que por primera vez abre sus puertas a la ciudadanía.
El inmueble, construido en 1703, fue inicialmente un hotel para que el duque de Buckingham pase sus vacaciones. Luego, en 1762 lo adquirió el rey Jorge III para convertirlo en residencia privada. Desde ese entonces ha tenido varias ampliaciones y remodelaciones.
La reina Isabel II optó por exhibir una simulación del banquete que tradicionalmente ofrece en actos especiales, como el recibimiento de jefes de Estado, donde es la anfitriona.
En la exposición se podrá apreciar cómo se realizan los preparativos ante una gran cena y el desarrollo del acto protocolario que se efectúa a diario. Estarán todos los adornos y utensilios utilizados, así como las lujosas copas y juegos de mesa, publica la página on line del diario El País.
El salón de baile está formado por una impresionante mesa de 53 metros en forma de herradura, donde la reina ejerce de anfitriona de una cena.
El personal de palacio limpia y pule el millar de copas del más fino cristal, la vajilla de porcelana de Sévres y la cubertería de plata hasta completar unas 5.000 piezas, incluida una colección de candelabros cuya altura variable indica el estatus del comensal.
La puesta de la mesa les toma a los empleados hasta dos días por su magnitud y “porque siempre están vigilados por la reina Isabel II, a quien no se les escapa el más mínimo detalle”, acota elpais.com
También se calcula que cada invitado tenga las 160 piezas, en total, que utiliza en el banquete y que su silla se halle a 68,58 centímetros de la mesa. Siempre hay 23 adornos florales y seis copas por comensal.
La cena está bajo la batuta del mayordomo real, quien se comunica por teléfono con la cocina para liderar un ejército de 100 lacayos y sirvientes, cuyos pasos sincroniza gracias a un sistema de luces.