Esta semana y las próximas pueden ser escenarios de actividades cívicas hasta hace poco tiempo inimaginables.
La ciudadanía ecuatoriana deberá decidir en referéndum si aprueba o no el proyecto de Constitución recién concluido en Ciudad Alfaro, de Montecristi.
Allí han primado los criterios de la mayoría que se formó entre los partidarios del Gobierno actual y quienes se coaligaron para lograr que se incluyan sus postulados.
Integrantes de la minoría de la Asamblea Constituyente han expresado, en diversas maneras y tonos, sus observaciones al sistema empleado en la redacción y aprobación del proyecto y su frustración porque sus propuestas y objeciones no fueron atendidas.
Los directivos de la Asamblea y de sus mesas han dado explicaciones al respecto.
Conocidas las tesis y los alegatos de las partes, ahora le toca al pueblo, que puede ejercer el sufragio, decidir.
Una de las tentaciones de los jueces y de los árbitros, frente a la gran responsabilidad de dictar sentencias o laudos, es leer solamente los alegatos de las partes para resolver.
Grave error si así proceden.
Es necesario y conveniente, para que brille la verdad y la justicia, revisar todo el expediente, sopesar las pruebas, corroborar las citas y, sobre todo, verificar las bases legales.
Pues bien, según lo afirmado, las opiniones de otras personas sobre el proyecto de Constitución, que podamos leer o escuchar, son importantes y merecen respeto; mas, creo que debemos elaborar un criterio propio, leyendo, revisando, sopesando, corroborando y verificando.
Puede ser que, desde nuestro particular punto de vista y como consecuencia de los principios, formación y conocimientos que tenemos, coincidamos total o parcialmente con los auspiciadores del proyecto o con sus detractores.
Tal vez descubramos aspectos positivos o negativos que a otras personas se les pasaron por alto o no los hayan querido observar y plantear.
Aunque estemos definidos por una postura, es importante conocer el proyecto de la Constitución que podría regirnos y comprender por qué la mayoría, que lo aprobó y que representa a varios sectores ciudadanos, piensa de esa manera.
Tenemos una ocasión fuera de lo común, para vivir el civismo que solemos pregonar, aunque constituya un esfuerzo leer el texto sometido a nuestro escrutinio.
Solo el ánimo enardecido por la convicción, producto del conocimiento propio y no de oídas, nos llevará a participar activamente en la vida política, local y nacional, en la que hay demasiados espacios vacíos de verdad y de justicia, que generan inequidades que nos abruman y no sabemos cómo remediar.
¿Desaprovecharemos la oportunidad para involucrarnos activamente en el destino de nuestra patria? ¿A quién beneficia nuestra molicie cívica?
¿Sería tan amable en darme su opinión?