- JUL. 30, 2008 - Foto - El Gran Guayaquil - EL UNIVERSO
Por Lilly Antepara Erazo, química jubilada y pintora guayaquileña.
La convivencia de la familia se concentra en el hogar: vivir bajo el mismo techo, comer, dormir y disfrutar las bondades que Dios nos da generosamente.
Al paso de los años las costumbres cambiaron casi radicalmente como resultado del progreso acelerado de esta época y la ambición desmedida del ser humano por lograr grandes metas.
Los momentos más felices eran al reunirnos en la mesa del comedor durante el desayuno, almuerzo y la merienda, y en fiestas y banquetes por cumpleaños, onomásticos, Navidad y fin de año.
En el desayuno hubo un cambio notable y desapareció el recipiente de vidrio con café colado, pasado o esencia llamado ‘cafetera’, reemplazado por los solubles instantáneos (café y leche) ideales para los estudiantes, trabajadores, etcétera, que andan con el tiempo medido.
La hora del almuerzo se alteró. Aquellos que antes tenían la doble jornada, ahora están sujetos a la jornada única que cambió la hora de regreso de las personas al hogar.
La ‘mesa puesta’ consistía en la colocación de todo el cubierto para cada persona, en especial lo más elemental: cucharas grande y pequeña, tenedor, cuchillo, vasos para el agua, el jugo o la colada, y la infaltable pieza de vidrio o porcelana llamada ‘alcuza de mesa’, que contenía cinco pequeños recipientes en los que las amas de casa o cocineras depositaban aceite, vinagre, sal, pimienta y ají para que familiares o invitados aderecen a su gusto los platos ofrecidos en las comidas.
Actualmente las personas desarrollan su vida con apuro y mucha tensión, que ya no pueden utilizar la tradicional ‘alcuza’ y en otros casos ni siquiera la conocen. Resulta más práctico poner en la mesa el tarro de aceite de oliva con un agujero para que salga el líquido y ¡ya!
Errata
El autor de la estampa que se publicó ayer en este mismo espacio es el ingeniero agrónomo Sergio Cedeño Amador.