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MARTES | 29 de julio del 2008 | Guayaquil, Ecuador
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Un enfoque odontológico

Julio es el mes en que recordamos la fiesta patronal de Guayaquil, además del nacimiento del Libertador (1783) y de su histórico encuentro con San Martín (26 y 27 de julio de 1822, en Guayaquil).

Como odontólogo y profesor universitario, me parece interesante considerar aspectos odontológicos importantes del Libertador.

En una carta de doña Manuelita Sáenz al general O’Leary le dice: “El 25 de Septiembre de 1828 a las 6 de tarde me mandó llamar el Libertador, y le contesté que estaba con dolor en la cara; repitió otro recado diciendo que mi enfermedad era menos grave que la suya y que fuese a verlo”; aquella noche, doña Manuelita le salvó la vida (Memorando para la Historia de la Odontología en Colombia.-Álvaro Delgado Morales 1964).

Un dolor de muelas ha podido cambiar el rumbo de la república. En la abominable noche del 25 de septiembre de 1828, Bolívar, aclamado dictador en Bogotá, acepta el mando para tratar de salvar su obra cuando un grupo de conjurados intentó asesinar al Libertador en el Palacio de San Carlos, pero fue salvado por la valerosa acción de su compañera, la patriota quiteña Manuelita Sáenz.

En el comentario ‘Datos sobre el estado de la salud dentaria del Libertador’, presentado el 27 de junio de 1963 en Caracas, el Dr. Focion Febres-Cordero, en relación con la “información histórica”, dice lo que expresa Perú de Lacroix al consignar en el diario de Bucaramanga las características fisonómicas de Bolívar, y agrega: “Se baña mucho, cuida sus dientes y el pelo... su boca algo grande y saliente el labio inferior; los dientes blancos y la risa agradable”.

O’Leary en sus memorias expresa que Bolívar tenía los dientes blancos, uniformes y bellísimos, y los cuidaba con esmero. Agrega que tenía dientes perfectos. La comisión encargada por el gobierno de Venezuela, de preservar sus restos mortales, informa: “La cordal izquierda de la mandíbula superior estaba movida pero no faltaba”.

Continúa..

Un enfoque odontólogico II
Entre las prioridades formativas de la escuela, el Libertador explicitaba las siguientes: Aseo: “La primera máxima que ha de inculcarse a los niños es la del aseo.... No hay vista más agradable que la de una persona que lleva la dentadura, las manos, el rostro y el vestido limpios”.

Perú de Lacroix observa que el Libertador prefiere las arepas de maíz al mejor pan; come más legumbres que carne; casi nunca prueba los dulces; pero le gustan mucho las frutas. Arturo Guevara, en su Estudio Nosológico y Psicobiográfico de Bolívar, señala la preferencia de su dieta, vegetales y frutas, y  su rechazo a los dulces.

En su ‘análisis e interpretación’, Focion Febres-Cordero deduce que Bolívar poseía una hermosa y sana dentadura, tomando en cuenta las siguientes razones: la existencia a la hora de su muerte de al menos una muela cordal revela que la dentadura se conservaba todavía en buenas condiciones. Las cordales, debido a su conformación anatómica y posición en el arco dentario, son afectadas más frecuentemente que las otras piezas dentarias por la caries y demás procesos patológicos que en ellas tienen lugar; la dieta alimentaria de Bolívar, escasa en carbohidratos y en especial de dulces, es el dato más importante al respecto; existe una relación entre el consumo de hidratos de carbono a la aparición y evolución de las caries dentarias; la dedicación del Libertador en el cuidado y limpieza de sus dientes es otro signo de gran valor para deducir lo improbable de una afección dentaria, cuando se observan tales cuidados higiénicos.

Es de suponer que dado el carácter irritable y expansivo del Libertador, no habría podido ocultar en su copiosa correspondencia particular, menos aún en sus relaciones con quienes lo rodeaban, las alteraciones físicas y emocionales que podría resultar de dolencias tan molestas como las dentarias. Impacta la idea de pensar en un Bolívar con dolor de muelas a la hora de tomar las grandes decisiones. Conclusiones: se deduce que el Libertador poseía una hermosa y sana dentadura. En el material consultado no se han podido hallar mayores datos que sustenten esta interpretación solamente deductiva de la historia, pero tampoco se conoce ningún documento en el cual se mencione que Bolívar haya sufrido alguna vez de enfermedades o alteraciones dentales.

A la luz de la información presentada, solo la autopsia podría haber dado una respuesta concluyente a la interrogante planteada. Pero no se hizo ningún comentario sobre el estado de las piezas dentarias. Señala Focion Febres-Cordero, me atrevo a intentar una interpretación solamente especulativa o deductiva de la historia, toda vez que los métodos propios de la investigación científica no he podido aplicarlos en el presente comentario sobre la salud dental del Libertador.

Wenceslao Gallardo Moreno,
doctor, catedrático de ortodoncia, Guayaquil
¡Patrullen las calles!

Quisiera levantar mi voz de protesta contra la delincuencia que se está dando en la ciudadela La Garzota.

En los últimos días se han suscitado robos en tres casas, ubicadas cerca de la Empresa Eléctrica de dicha zona. Además, son constantes los robos de celulares mientras la gente camina por las calles.

No es cierto lo que dice el Presidente acerca de  la disminución de la delincuencia, ya que los robos son frecuentes. Necesitamos la colaboración de la Policía. Es muy poca la vigilancia que esta institución nos brinda a los ciudadanos.

No es posible que la delincuencia se incremente en la ciudad y esté acabando con la tranquilidad de las personas de bien.

Marjorie Hinostroza,
Guayaquil

Cada día aumentan los robos, los secuestros, los estruches, los asaltos a mano armada en Guayaquil, muchos con fatídicas consecuencias, y nadie hace algo para detener el aumento de tanto delito.

Los moradores de la ciudadela San Felipe pedimos a gritos a la Policía Nacional, al GIR, GOE y no sé a qué otra autoridad del orden, que patrullen día y noche esta zona, que ha perdido su tranquilidad ante la presencia de antisociales que rondan a pie, moto o carro, estudiando los movimientos de los moradores y buscando víctimas para atacarlas.
Los delincuentes se ponen una camiseta sobre otra, es decir, una vez cometido el atraco, huyen en sus vehículos motorizados y a la vuelta de la esquina se quitan la camiseta que llevan puesta y se quedan con la que vestían por debajo, para despistar a las personas y policías en caso de que estos aparezcan, pero estos nunca asoman.

Es terrible la situación en el norte de Guayaquil, ya no se puede estar ni a salvo en nuestras propias viviendas. Por favor, pongan vigilancia las veinticuatro horas del día en San Felipe, porque ahora los asaltados “ya somos todos”.

¿No nos queda entonces otra cosa que unirnos todos los moradores para arremeter contra los delincuentes?

Juan Pablo Chávez,
Guayaquil

Los Ceibos, Santa Cecilia, Las Cumbres, Miraflores, Urdesa y Kennedy son algunos de los sectores donde se cometen a diario docenas de robos que ya muchos ni se denuncian porque solo quedan anotados en un papel y nada más. ¡Pedimos patrullajes constantes!

Da frustración ver en ciertos puntos de la ciudad una que otra carpa policial totalmente vacía. ¿Para qué las instalan entonces? No se ve a policías, ni a miembros del Ejército patrullando la ciudad. No se siente la presencia militar ni policial, lo único que sí se siente es el temible zarpazo de los delincuentes a toda hora y lugar en Guayaquil. ¡Por favor, que los militares salgan ya a las calles a resguardar el orden, es imposible seguir así como estamos tan desprotegidos!

Autoridades encargadas de velar por la seguridad de la población se pasan en politiqueras campañas diciendo que todo está bien, que nadie es asaltado, prometiendo el oro y el moro, menos en poner un alto a este grave y perturbador problema que nos impide trabajar, vivir y desenvolvernos con libertad y confianza.

Xavier Morales,
licenciado, Guayaquil

¡Patrullen las calles! II

La inseguridad en Guayaquil y el país se produce por la falta de creatividad o decisión de las autoridades de aplicar correctivos internos del sistema. Esto motiva a que muchos no denuncien sus percances, pues será otro problema en el que se meten.

Por ejemplo, en los robos de carros, la persona sufre vejámenes de los ladrones que se le llevan el auto y además lo secuestran, bajo insultos y golpes, y a veces hasta de amenazas de muerte. Se denuncia en la fiscalía por obligación cuando existe el seguro. La Policía no investiga, ya que el perjudicado debe llevar fotos y dar detalles del sitio donde fue el atraco. Los ciudadanos reciben su certificado luego de dos meses, cansados de ir a la PJ cientos de veces, de ver caras de policías  bravos que dicen por qué tanta exigencia, si van a cobrar un seguro, insinuando que la gente esconde el carro para luego cobrar; y como es común, al no haber investigación, los delincuentes siguen campantes para robar otros automotores.

Pero cuando ocurren estos casos a personas famosas, allí sí se resuelven los problemas de inmediato por existir presión de la opinión pública, ya que siempre ellos saben dónde están los focos de delincuencia y desguazaderos de carros.

Por esta razón deberían sentarse precedentes casa adentro de la Policía, donde trabajan personas honradas en medio de corruptos a los que, si se los investigara, se sabría de dónde sacan los autos y casas que tienen con sus sueldos bajos.

Rodolfo López Osorio,
arquitecto, Guayaquil

Hasta que me toque a mí

Han sucedido muchas cosas. El año pasado. Cuando el gobierno de Correa se fue en contra de los diputados del Congreso, yo dije qué bien, como no soy diputado. Después, cuando se fue en contra de los partidos políticos y les dijo que la partidocracia es la culpable de la larga noche neoliberal, yo dije qué bien, como no soy de la partidocracia. Otro día, cuando dijo cadáver insepulto a un ex presidente de la República, yo dije qué bien, él es el culpable de la sucretización.

Después, cuando se fue en contra de la prensa y les dijo bestias salvajes, yo dije qué bien, como no soy periodista; también cuando se fue en contra de los banqueros y les dijo que eran chulqueros, yo dije qué bien, como no soy banquero. Cuando se fue en contra de las mujeres y les dijo gorditas horrorosas, yo dije que no es conmigo y qué bien, como yo no soy ni gorda ni soy mujer; cuando dijo vieja pelucona a una anciana sobresaliente y altruista de Guayaquil, yo dije total, no soy ni viejo ni pelucón.

Cuando dijo a los emigrantes ecuatorianos en España “que por idiotas como tú el país está como está”, yo dije qué bien, como yo no soy emigrante; cuando llamó momias cocteleras a la rancia diplomacia ecuatoriana, yo dije qué bien, como  no soy diplomático ni embajador;  cuando dijo que les vaya bonito a los indios porque representan el 5% de los ecuatorianos, también dije qué bueno, como no soy indio ni soy de movimiento indígena político.

Cuando se fueron en contra del grupo Isaías y los canales de televisión dije qué bien, por fin van a cobrar la plata a los banqueros; pero cuando la Asamblea blindó todo derecho a la defensa, ahí me preocupé. Y cuando terminé de redactar la presente, observé que a la asambleísta Martha Roldós, por quien el presidente Correa dijo que se cortaría la mano meses atrás, ahora la insultó de majadera, por no estar de acuerdo con él.

¡Ah!, pero cuando me toque a mí, todo será diferente, porque después de esto llegará el día en que vengan por mí o por ti, es decir, por el pueblo sufrido y aguantador. Ese día estaremos solos, sin nadie que nos defienda, amarrados de pies y manos y con un esparadrapo en la boca, como lo hacían los fascistas de Hitler en la década del cuarenta del siglo pasado; arrumados en las carretas de la miseria. Parece un cuento, pero esto sucedió en realidad en la revolución ciudadana del nacionalsocialismo del siglo XXI.

Eduardo Troya Pazmiño,
Latacunga

Al espetarle a la asambleísta Martha Roldós la expresión “no sea majadera, cállese” parece que el presidente de la República, Rafael Correa, se equivocó del medio a la mitad, por cuanto –que yo sepa– en el mundo no hay sino solo tres grandes majaderos, oleados y sacramentados nada más y nada menos que por el propio  Simón Bolívar, cuando dejó patentadas textualmente sus palabras para la posteridad diciendo que “los tres más grandes majaderos del mundo hemos sido Jesucristo, Don Quijote y yo”.

De manera que el presidente Correa, al emplear ese adjetivo, “majadera”, no hizo otra cosa que levantar el polvo y las sagradas cenizas, en primer lugar, del hombre que fue capaz de dividir al mundo en dos etapas distintas: antes y después de su existencia (aC. y dC.) como es Jesucristo, cuya presencia se siente hasta en los rincones más abandonados del universo.

Don Quijote, que vivió en la mente de Cervantes y que se inmortalizó para siempre al desafiar a los molinos de viento que no eran sino paradigmas de la miseria humana.

Y Bolívar, que prefirió ser Libertador que emperador de cinco naciones, y que tuvo la virtud y el genio de no eternizarse en el poder, consciente de que el poder envilece al hombre.

Finalmente, el adjetivo “majadero” tiene muchos sinónimos, los que el Presidente de la República puede utilizarlos, según las circunstancias y el talante del aludido o aludida, tales como: tonto, insensato, estúpido, abobado, aguafiestas, necio, porfiado, etcétera.

Raúl  Córdoba Avilés,
Guayaquil

Hasta que me toque a mí II

La frase “¿Por qué no te callas?” dio la vuelta al mundo y se hizo muy popular.

La malcriadez de un representante de un país soberano y petrolero desencadenó la malcriadez de un rey. Ya Chávez y el rey Juan Carlos superaron su impasse. El ofendido (a quien mandaron a callar) fue a visitar en el país del ofensor al mismo ofensor y superar el impasse. El uno le regaló una camiseta con la frase “¿Por qué no te callas?”. El otro bromeó (¿bromeó?) que debería él cobrarse una platita por derechos de autor.

Acá en Ecuador no se supera por más de tres meses un impasse con Colombia, luego de que este ofreció disculpas públicas; y la OEA, Ingrid Betancourt y otros mediadores piden que lo superen. Sin embargo, ¿sí es muy hábil aprobando 400 artículos constitucionales en un mes, y logra borrar 50 artículos “no alineados” en la madrugada previa a la aprobación? ¿Incauta canales (bien incautados, según mi criterio) que deben transmitir (ahora sí) “opinión alineada”?

¿Ofrece bonos para arreglar vivienda, cuando su promesa de campaña fue una cantidad imposible de casas nuevas? ¿Habló en quichua en campaña, para luego decir que era una novelería, y al final lo incluyó en la nueva Constitución? Y a los sacerdotes, que dan su vida a favor de los demás para gloria a Dios, ¿se atreve a llamarlos “curitas alineados... con pelucones?”.

¿Por qué descalifica adversarios, pensando que nadie puede ni debe estar a su altura de Jefe de Estado? ¿Por qué nos divide como país y nos desmembra en más provincias? ¿Por qué nos miente con modelos autonómicos con trampas? ¿Por qué cree que solo él puede tener la verdad? Mejor, ¿por qué no te callas?

Juan Carlos Gilbert,
Guayaquil

Los insultos, las ofensas al parecer continuarán sonando mientras dure el tiempo del socialismo del siglo XXI.

Lo que quizás en un principio pudo ser motivo de risas y festejos o chacotas, ahora ya ha llegado al fastidio, al aburrimiento, o mejor dicho al rechazo de muchos que antes quizás se divertían escuchando ofensas tras ofensas. Todo tiene su tope, y el de las malas palabras, groserías, burlas, llegó a su máximo punto de que nadie aguanta.
Los ecuatorianos no queremos circo, queremos trabajo, educación, cultura, desarrollo, unidad nacional, buen trato, buenas relaciones con los demás países, seguridad y armonía.

Alberto Gutiérrez,
Madrid, España

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