La colombófila, arte de criar y entrenar palomas mensajeras con fines deportivos, tuvo mucha acogida en esta ciudad. Su fundamento se basa en la capacidad innata que tiene este animal para volver a su palomar cuando se las deja en libertad a grandes distancias que a veces superan los 1.000 kilómetros.
La paloma mensajera con fines deportivos comienza a desarrollarse en 1826, cuando se realizó el primer concurso de París a Gante, Bélgica. En la primera y segunda Guerra Mundial se utilizaron más de 600 mil palomas, que intercambiaron informaciones y sirvieron a los aliados. En ocasiones se las soltaba desde bombarderos e indicaban las posiciones enemigas por medio de pequeñas cámaras fotográficas.
El pionero de la colombofilia en nuestra ciudad fue el colombiano Ernesto Tafur, vecino del barrio Orellana, que importó de Bélgica 50 mensajeras, fundó la Sociedad Colombófila de Guayaquil en 1960 y en diciembre de este mismo año realizó con auspicio de EL UNIVERSO, el primer vuelo La Libertad-Guayaquil, cubriendo la distancia a razón de 60 km por hora.
En enero de 1961 hubo el primer concurso Quito - Guayaquil, que ganó una paloma de propiedad de Óscar Arias, que empleó 7 horas 15 minutos para el recorrido; posteriormente se organizaron otros certámenes y las aves volaron desde Esmeraldas, Manta, Salinas, Quito, Cuenca, etcétera, hasta Guayaquil y sus propietarios ganaban premios que consistían en quintales de maíz.
Los integrantes de la Sociedad Colombófila de Guayaquil liderada por Ernesto Tafur se reunían los miércoles para coordinar sus actividades en el restaurante 'OK Bueno', en Chile y Aguirre. Concurrían Tiberio Botero, Luciano Thoret, Mario Quiñones, Óscar Arias, Gabriel Rodríguez, Carlos Trujillo, Xavier Carrera y el autor de esta nota, que en conjunto añoran con nostalgia sus palomas mensajeras y los gratos momentos de este sano deporte mundial.