No hubo una marea amarilla desbordando los graderíos, pero sí un puñado de aplausos que arrancaron una tímida sonrisa del rostro de Joffre Guerrón. El futbolista ecuatoriano se entrenó por vez primera con el equipo azulón bajo el ojo atento de más de 200 aficionados (apenas cinco eran ecuatorianos). Fue el último en saltar al campo y el último en abandonarlo.
Esa sonrisa y, también, el brillo chispeante de su mirada revelaron el torrente de emociones que experimentó el futbolista a lo largo de las más de dos horas que duró la sesión a las órdenes de Víctor Muñoz. “Está muy bien, es un muy buen jugador”, sostuvo el director técnico al finalizar la jornada que incluyó ejercicios de control del balón, pases largos, pesas y un partidillo. El centrocampista no defraudó. Derrochó sobre el gramado las cualidades que atesora: potencia y velocidad.
“Se le ve fuerte como un roble”, advierte Juan Juan José Huerta, periodista deportivo. “Se nota que ha estado inactivo”, susurra un joven veinteañero.
Guerrón es feliz. Lo reconoce mientras camina descalzo por el césped de la ciudad deportiva de su nuevo club. ¡Eres un fenómeno!, exclama un hincha madrileño. ‘Dinamita’ vuelve a sonreír. Autógrafo solicitado, autógrafo concedido. “Ya está mijo”, añade el imbabureño después de plasmar su firma en camisetas, balones o papeles arrancados al apuro.
¿Pesa la responsabilidad de ser el fichaje estrella del equipo? “No. Solo hay que hacer lo que uno sabe”. Así es Guerrón. De respuestas cortas. Apenas han transcurrido un par de días desde que aterrizó en Madrid y lo primero que pregunta a los inmigrantes que se le acercan es dónde conseguir comida ecuatoriana.
Mañana partirá rumbo a Grecia donde el equipo se enfrentará el jueves al Olimpiakos. La segunda fase de la pretemporada continúa por tierras holandesas. Cuando a mediados de agosto retorne a España abandonará su vida de hotel para trasladarse a vivir en Boadilla del Monte, localidad al oeste de la capital española.