Los(as) asambleístas integrantes de la mesa 1 concedieron audiencia al grupo interinstitucional que ofreció aportes acerca de vida, familia, educación. Pasada media hora de espera, se nos informó que la demora se debía a que los(as) asambleístas estaban recibiendo instrucción o instrucciones de un asesor extranjero. Iniciada nuestra exposición, la señora presidenta de la mesa nos preguntó si queríamos escuchar al asesor extranjero que los(as) había instruido. Aceptamos oírlo, pero terminada nuestra exposición. Me sorprendí cuando el asesor, conducido por la presidenta, se sentó junto a mí y se presentó como sacerdote mexicano. Conocida la identidad del asesor, extranjero y sacerdote católico, hice una observación: un sacerdote católico, si está en comunión con la Iglesia, no habrá expuesto algo diverso de lo que los sacerdotes ecuatorianos conocemos y exponemos. Y le pregunté: ¿Piensa usted que legisladores mexicanos no encontrarían a un sacerdote mexicano capaz de ilustrarlos en temas específicos de la fe cristiana? El asesoramiento de extranjeros se nota claramente en diversos campos, como en el de la vida, familia, educación.
Algunas veces he compartido ya la siguiente reflexión: la primera tarea de los(as) asambleístas es (era) la de establecer quiénes somos y a dónde vamos en el concierto de las naciones, cuál es nuestro color en el arco iris de los pueblos del mundo. Entonces, y solo entonces, podía acertadamente señalar las etapas que tenemos que recorrer para llegar a nuestro objetivo.
Porque varios de nuestros(as) asambleístas no tienen idea clara de lo que somos ni a dónde vamos; han adoptado ideologías que, por ser extrañas, las consideran adelantadas o superiores. Han adoptado una ideología antivida y, con subterfugios, han abierto puertas a leyes abortistas. Los asesores les han ocultado que los países “modernos” y “adelantados” que se quiere copiar, para no morir en su vejez, están sobreviviendo con la savia de nueva vida que le dan los inmigrantes.
Pretenden ponernos a recorrer senderos ya superados, como el estatismo, que destruyendo o debilitando la independencia de las funciones del Estado han dañado a otros países.
Queriendo “radicalizar el laicismo”, consigna de varios colaboradores del actual Gobierno, han unido el laicismo anticlerical, explicable en el siglo XIX, a un estatismo laicista, que pretende encerrar a Dios en la vida privada o condicionar su presencia a la conveniencia de los detentadores del poder, como la presencia del asesor sacerdote mexicano.
A contraluz agrada el que hayan reconsiderado y establecido que el quichua es también lengua nacional. Quiero pensar que esta reconsideración sea fruto de convicción y no de cálculo de votos.
Agrada, en cuanto es un reconocimiento de nuestra identidad mestiza.
En la medida en que nos integremos en el concierto de las naciones, “orgullosos” de nuestra identidad, dialogaremos erguidos y serenos.
Terminaré el estudio del proyecto de Constitución cuando termine la rectificación de las “barbaridades” encontradas en él por nuestro Presidente. Uno de los criterios para decidirme por el Sí o por el No serán los elementos ecuatorianos y extranjeros que encuentre en el proyecto.